Puente de Ureña

Rafael / duarte

Literatura, libros, alma

LO que es para mí la literatura, seguramente, no le importe a nadie. El insulismo literario conocido está tan repleto de egos, yos y superyos, expertos en poéticas y tracas, que no caigo en el hueco ni en la rueca. Llama Carmen Fernández, autora de una novela juvenil, El Beso, de la Editorial portuguesa Chiado Print, que presentamos en Cultura, Pepe Chamorro y el que esto pergeña. Diecinueve añitos, auxiliar de clínica, y, cuando la gente anda con la tablet, el ipad, el wassap, juegos y emails, ella se rellena sus doscientas ochenta y una páginas con una historia de amor inventado.

Y nosotros la presentamos porque estamos saciados, hartos y jartos de decir en nuestro programa Coloquios de la Bahía, en Onda Luz Televisión y Radio La Isla, que hay que ayudar a la juventud, que hay un divorcio cultural importante entre la Cultura oficial, Academias, asociaciones, derivados y el público joven que no acude a esos actos.

¿Podemos imaginarnos esa labor en Carmen Fernández? ¿Escribiendo su novela cuando, en realidad, ha empezado a vivir en la literatura y en la vida? Los libros hablan de la vida. Y el amor, por fortuna, sigue siendo una de nuestras mayores fuerzas motrices.

En realidad, hay muy pocos grandes temas eternos, el amor, la muerte, eterna y sempiterna, la experiencia -es decir, la vida misma- y algunos géneros abstractos, más de lo mismo. Toda la literatura de todos los tiempos versa sobre ellos. Aunque, personalmente, considero que España es un país donde no hay grandes narradores, porque no se escribe bien, básicamente, y si no hay un estilo básico, el estilo narrativo o poético no llega a cuajar.

Entonces es cuando cobra más valor la escritura de Carmen. Sin referentes claros, durante nueve meses, de madrugada, sin que lo supiese nadie, ella vertía en el libro, su libro, la historia de una mujer entre Cádiz y América, que, ahora, se presenta desde una editorial portuguesa, en la Isla.

Creo en la calidad humana y en la calidad literaria, salvo fanáticos literarios de otrora, que conocemos bien el doctor Chamorro y yo, porque nos huyen, el miedo es libre, como la literatura y como el alma.

Debemos luchar por la musicalidad oral de la palabra. Todos, los autores, los editores, los distribuidores, los libreros, las grandes superficies… También, convendría, que se dejara de hablar de libros como de algo elevado e intelectual y se reivindicara el papel lúdico de la lectura. ¿Por qué en las páginas dedicadas a "Ocio" de las revistas y periódicos encontramos cine, música, teatro… pero raras veces libros? No lo entendemos, como no entendemos el recelo que despertamos. ¿Qué es la literatura, pues, sino una de las maneras más estupendas, y baratas de divertirnos? Mi infancia, mi adolescencia, mis anginas y todo lo demás hubiera sido muy triste sin libros. A eso me refiero, el jardín, el leve cielo mate del verano, y el libro entre las manos, el libro, el gran hallazgo que sigue secuestrándonos a gente como Carmen, como el doctor Chamorro, y algunos otros serios como nosotros, que tenemos esa sed, nos bebemos el mar de la palabra y despertamos recelos entre los eruditos de barra y bar y los enamorados, realmente, de la literatura.

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