Cuarto de muestras
Carmen Oteo
Tanta hambre
UN acontecimiento de la memoria y la evocación, como los 50 años transcurridos desde la riada de 19 de octubre de 1965, es siempre un escenario de nombres y homenajes. Particularmente, me gustaría rendir tributo a aquellos que, con una cámara, atravesaron la inundación para que, ahora, medio siglo después, podamos revivir aquella catástrofe, volverla a contar y transmitir con apasionamiento cómo la ciudad se quedó bajo las aguas, sumida bajo el lodo y la desolación para, después, resurgir como un Ave Fénix de sus propias cenizas, como afortunadamente se apunta en el documental "Si llega a ser de noche…". Este documental -ya lo hemos dicho en estas páginas- da voz a veinticinco testimonios que vivieron y padecieron aquella riada, y durante una hora nos desgranan con sus propias voces y modos de contar qué les sucedió. Pero el documental también se sirve -así como la exposición "El río de la memoria", en el Museo de Chiclana, abierta hasta el 10 de enero- de un amplio fondo fotográfico que alcanza unas 400 imágenes. Fotografías que son, a la vez, arte y testimonio, fotoperiodismo y documentación, de una ciudad que ya no existe. Pero que todos hemos visto, por supuesto en blanco y negro, gracias a aquellos fotógrafos que se echaron, literalmente, al agua. El más fecundo, o al menos el que más imágenes nos ha dejado, fue el gran fotoperiodista gaditano, hijo del gran Pericón de Cádiz: Juan Martínez Neto, que firmaba con ese acróstico de superhéroe: "Juman". Y sabemos -porque afortunadamente podemos ver algunas de las fotos que tomaron- que también estaban ahí con la cámara salpicada de fango los hermanos Juan, Manolo y Paco Barberá Baro, Juan Martínez González -recordado también como taquillero del Cine Moderno- o los hermanos Carmona Guilloto: Luis, que era quien regentaba el estudio de la calle Sagasta (en la actual Huerta Chica, arrasado por la riada, curiosamente), y Guillermo, municipal que de vez en cuando le ayudaba. Y también José Chaves Aragón, que gentilmente ha ofrecido una veintena de imágenes extraordinarias que tomó aquella mañana de 1965 que nadie ha podido olvidar. Y que próximamente nos podrá contar cómo vivió aquel día.
"Juman" era entonces el fotógrafo del Diario de Cádiz y también el oficial de Gobernación. Así que debió llegar a Chiclana aquel 19 de octubre con las fuerzas del Ejército y del Orden Público, con los Bomberos del Parque de Cádiz, aquel primer contingente al que luego se unieron los helicópteros de la Base Naval de Rota y fuerzas del Departamento Marítimo del Estrecho con base en San Fernando. Nada más poner sus pies en Chiclana, Juman ya ha tomado esas imágenes del Puente Chico con el agua del río Iro embravecidas y desbordadas del cauce, inundadas ya la Alameda, la calle Jardines, la barriada del Carmen, que se han convertido en icono. Serían las dos y media, tres de la tarde, y Juman deja atrás el Puente Grande sin dejar de tirar y tirar fotos: el agua aún iba subiendo y ahí está el teatro García Gutiérrez ya herido de muerte, las impresionantes vaguadas que se forman en la calle Huerta Chica y la Plaza de España. Juman vuelve el día después: consigue esa foto, casualmente, de Encarna Pedrero con una pala frente a la casa de sus tíos Diego García y Rosario la Mónica, que lo habían perdido todo. Regresa aún varios días más tarde para reunir, por ejemplo, a los niños del comedor de Auxilio Social, con Victoria Baro, con Leonor -la cocinera- y los fotografías aún con la altura de las aguas marcada en las paredes.
En 7 de enero de 1966, el alcalde Tomás Collantes Ceballos -que realmente tuvo un comportamiento extraordinario durante aquella riada-, tuvo la precaución y el enorme acierto de adquirir al propio Juan Martínez Neto "Juman" una copia de toda aquella impresionante colección: son más de 160 fotografías que hoy se conservan magníficamente en el Archivo Histórico Municipal. También lo intentó con la que los fotógrafos González y Hernández habían tomado para "Cádiz Gráfico". No fue posible, pero tenemos las once páginas que le dedicó a la riada aquella revista mensual. Como también las impresionantes fotos que firma el madrileño Alejandro para aquella revista para las amas de casa -"Ama"- que hemos podido recuperar. En el Archivo sí que hay, sin embargo, unas treinta fotos firmadas por Barberá, aunque la mayoría de ellas son de la riada de 27 de diciembre de 1962. De entonces es también el inigualable testimonio que es la película de 8 mm. rodada por el propio Juan Barberá Baro y que su familia generosamente ha facilitado para su proyección para la exposición "El río de la memoria" en el Museo de Chiclana. Nunca le estará el pueblo de Chiclana lo suficientemente agradecido. Ni tampoco a todos aquellos otros fotógrafos anónimos -aproximadamente la mitad de las imágenes reunidas no tienen firma- a través de cuyos ojos aún vemos aquel fango, las lágrimas, la ciudad, durante aquellos dramáticos días de octubre.
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