Notas al margen
David Fernández
Los europeos no sabemos ni qué decir
NO, no hay ninguna falta de ortografía en el título de este artículo. Los Hunos y los Hotros es la forma en que llamaba Unamuno a los dos bandos de nuestra Guerra Civil. Y poco antes de morir, en diciembre de 1936, en plena guerra, escribió en una carta a un amigo: "La barbarie es unánime. Es el régimen de terror por las dos partes. Aúllan y piden sangre los hunos y los hotros".
¿Por qué cuento esto, que por desgracia es un episodio muy poco conocido de nuestra historia? Pues por una razón muy simple: porque hay días en que parece que ha resucitado entre nosotros la misma "locura frenopática" de la que hablaba Unamuno en 1936. En el blog de Arcadi Espada he leído algunas de las frases con que algunos nuevos cargos municipales han jurado sus cargos. "Por imperativo legal y para devolver la soberanía al pueblo", ha dicho uno. Y otro, en algún lugar de Cataluña, ha jurado su cargo "para exigir la autodeterminación de nuestro pueblo y proclamar en los ayuntamientos un Estado catalán libre y soberano". Y el nuevo alcalde de Cádiz ha prometido "acatar la Constitución y las leyes vigentes hasta que existan otras que estén a la altura de los ciudadanos".
¡Dios santo, vaya cacao mental! O sea, que si hemos de creer lo que dicen estos nuevos cargos públicos, sus cargos no valen nada porque están otorgados por un pueblo sin derechos ni soberanía y que tiene unas leyes que no están a la altura de los ciudadanos; esos mismos ciudadanos, por cierto, que financian todos esos sueldos públicos con sus impuestos. Me parece muy bien que todos estos cargos tengan sus ideas y las defiendan, pero jurar o prometer los cargos "por imperativo legal" es una vieja táctica de Herri Batasuna que pretendía poner en tela de juicio la legitimidad democrática de nuestro sistema político. Y eso es un disparate. A los ciudadanos nos preocupan los sueldos precarios y las pésimas condiciones de trabajo, pero nos importan un pimiento -y creo que en esto no me equivoco- los Países Catalanes y los procesos constituyentes y la autodeterminación de los pueblos sometidos por una misteriosa tiranía llegada del espacio exterior. Convendría tener presente que vivimos en Europa y no en Zimbabue. Y convendría tener presente que los ciudadanos queremos más eficacia y menos retórica, más soluciones y menos deseos utópicos. Porque si es así, los "hunos" seguirán robando y riéndose de la gente, mientras que los "hotros" gritan y gritan y gritan, sin hacer nada que de verdad cambie las cosas.
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