Confabulario
Manuel Gregorio González
Un viejo principio
LA primera vez que oí a una mujer llamarme guapo salí corriendo al cuarto de baño a mirarme al espejo: encontré que me sobraban los mismos kilos y me faltaban los mismos pelos. Miré con calma y me vi las mismas arrugas, las bolsas en los ojos y todas las pistas que indican que uno ha entrado ya en la edad provecta. Me resultó sorprendente pero pensé que algo me habría visto una mujer para dirigirse a mí de esa manera así que me vine arriba. Luego cuando escuché a otras mujeres llamarme guapo poco a poco consideré que era una moda entre mujeres maduras, un apelativo sin la menor carga emocional o física. Supuso una verdadera decepción porque comprendí que el espejo no me había engañado, que iba camino de la tercera edad y que ahora había que empezar a hacer cuentas con los planes de pensiones y la prórroga de la edad de jubilación. Qué costumbres tan raras tiene la gente, llamarte guapo como el que te dice hola. ¡Adiós, guapo! Así, sin más. Sin la menor consideración, sin tener en cuenta que suena a sarcasmo, sin un atisbo de ternura en un hombre maduro que encara la recta final de su vida. Qué falta de caridad cristiana.
Luego empecé a ver a los hombres llamarse unos a otros crack, que es un adjetivo inglés que se usaba antes para el fútbol: un crack es un jugador que vale más de 20 millones de euros y que gana al año más de 5. Ver a los hombres llamarse unos a otros crack, eres un crack y cosas así es como para tirarse al suelo sobre todo si lo ves en tipos pasados de kilos . Pero el colmo de los colmos es que he visto a mujeres hablarse entre ellas y decirse "eres una crack". Yo creía que el lenguaje no sexista nos obligaba a decir jóvenas, miembras y teniente de alcaldesa, viniera o no en el diccionario, estuviese bien traído o no porque el asunto es ser moderno. Así que sugiero como política de género para mejorar la igualdad entre hombres y mujeres que ellas se llamen unas a otras cracka. Comprendo que suena raro e incluso tiene una fonética fea. Pero iniciar el camino hacia la completa igualdad entre hombres y mujeres tiene estas servidumbres. Es una labor ingrata que precisa de gente que se sacrifique por la causa. Yo estoy dispuesto, para que luego no me digan que soy un machista. Marchemos todos juntos y yo el primero por la senda del lenguaje no sexista.
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