¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

Un Gobierno incapaz y dividido

Ya es oficial: la gestión del Gobierno de la crisis del coronavirus es un completo desastre. Luego se podrá opinar de las artimañas parlamentarias del PP, de la oratoria meliflua de Rufián, del oportunismo del PNV, de la maldad congénita de Vox, de la idiocia de Trump, de las mentiras de los comunistas chinos, de la intransigencia calvinista de Mark Rutte o del negacionismo sambero de Bolsonaro... Todo eso está muy bien y hay que contarlo, como ya se están encargando los voceros del poder. Pero la cuestión fundamental, el titular, es que el Gobierno de Progreso ha demostrado una alarmante incapacidad y falta de talento para manejar una crisis sanitaria que, hasta la fecha, se ha cobrado más 22.000 muertos, pese al suicidio económico que está suponiendo el confinamiento. La cuestión que surge ahora es si el mismo Ejecutivo que tan mal está gestionando la pandemia es el más idóneo para sortear la terrible crisis socioeconómica que se avista en lontananza.

Se ha fallado en todo: en el tiempo de reacción, en la protección de los sanitarios y de las residencias de mayores, en la compra de material y el abastecimiento de las farmacias, en la coordinación de las distintas administraciones, en la comunicación social… Para colmo hemos tenido que asistir al espectáculo de las disputas internas de un Consejo de Ministros al que difícilmente podremos seguir respetando. La pesadilla de Sánchez de un Gobierno bifronte se ha cumplido en el peor momento. España, actualmente, no tiene un Ejecutivo, sino dos facciones sentadas en la misma mesa. De la incompetencia general podemos salvar a Margarita Robles. Va quedando claro, para dolor de indepes y palomos de la paz, que el Ministerio de Defensa, en el que las autonomías no han podido aún meter mano, es una de las pocas herramientas eficaces que le quedan al Estado. La otra esperanza blanca es Nadia Calviño, pero aún existen muchas incógnitas que despejar sobre su gestión.

Este Gobierno se prometía una legislatura de eslóganes, de ideas prefabricadas en laboratorios ideológicos. Mucho "ecofeminismo", "memoria histórica" y "España plurinacional"… Temas para acalorarse en los casinos y en Twitter, pero con poca incidencia en la cesta de la compra. Sin embargo, el destino, para desgracia del común, quiso colocarlo al frente de la mayor crisis nacional desde la Guerra Civil, una situación en la que hay que demostrar criterio y capacidad de gestión, algo que está escaseado dramáticamente. Hoy por hoy, el Gobierno es un problema, no la solución.

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