la fábula

Juan Antonio / Micó

Gatos y gitanos

21 de agosto 2012 - 01:00

A veces se siente la música de un modo especial. No es que una melodía suene mejor que otra, lo importante es que tenga eso que llamamos duende. Los gitanos, gente que entiende de duendes, dicen que no se puede tener ese duende siendo payo. Estoy seguro que tienen razón en muchísimos casos, pero no en todos. Lo que pasa es que nadie, ni payo ni gitano, sabe explicar muy bien qué es el duende. Y mejor que nadie lo explique. Eso del duende no se puede explicar, se siente y a veces tienes la oportunidad de vivirlo en primera persona. Eso fue lo que ocurrió el viernes pasado. El duende de la música bien hecha, no playera de verano ni chabacana, sobrevoló la Punta de San Felipe y se posó sobre la sala Imagina, alumbrando al joven grupo Los gatos del gitano. Fue un concierto de muchos quilates, sin sonidos estridentes ni potentes equipos de sonido que encumbren el arte en la letra, el ritmo o las melodías. Cada una de las composiciones encerraba ese duende inexplicable. Las letras, muy originales, se sucedían en un flujo de melodías frescas y diferentes entre sí. Igual sonaba una pieza que recordaba una rumba sin ser una rumba, un jazz flamenquito o jazz puro que de repente daba paso a un rock and roll auténtico. En su concierto dejaron buena prueba de que tocan todos los palos con gracia, arte, calidad y desparpajo. Contar mentiras, una de sus composiciones más conocidas y coreadas por el público, es un buen ejemplo de esa originalidad en las letras y melodía. No es fácil contar y cantar cómo meterse en los bolsillos de los vaqueros de la persona que amas, pero Jaime, el autor, vocalista y guitarra acústica, lo cuenta y lo toca con una maestría que parece un cuento que realmente sucedió. Pero claro, cuando estás a punto de fundirte con el duende, llega Andrés El negro y te saca del sueño y del cuento con un ritmazo de batería de categoría que no quieres que se acabe en toda la noche. En pleno núcleo musical surge de los dedos de Quique un solo virtuoso de guitarra eléctrica acompañado de notas graves de un bajo espléndidamente tocado por Dani. En definitiva, un grupo musical que lo hace muy bien y que gusta y que surgió de la convivencia en un colegio mayor universitario. Al final va ser verdad que la universidad sirve para algo...

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