Chiclana reciente

Joaquín / Muriano

A la Feria

16 de junio 2013 - 01:00

Cuando recuerdo cosas del pasado reciente, acontecimientos o incluso personas, involuntariamente las clasifico en dos grupos. Las que han cambiado mucho, y las que siguen siendo iguales. La feria de Chiclana pertenece, en mi opinión, al segundo de los grupos. Apenas ha cambiado. La primera feria que recuerdo se instalaba en el campo de fútbol. Junto a la caseta municipal, que se llama todavía caseta sin serlo, seguramente por aquello. Hoy me parece mucho más pequeña, pero entonces era enorme. Hileras de sillas y mesas de madera, un escenario y dos montañas de barriles de vino de la cooperativa, a ambos lados de la puerta.

Recuerdo la caseta municipal muy llena; había que dar un par de vueltas para encontrar sillas y mesas vacías. Se iba en familia, y algunas, llevaban la comida de casa y solo compraban en la caseta las bebidas. Fiambreras de pimientos fritos y filetes empanados…, recuerdo a un hombre con delantal y gorra blanca vendiendo cartuchitos de camarones, y a otro con un canasto de mimbre lleno de bolsas de patatas fritas, muy bien puestecitas… Acabo de verlos otra vez hoy, en la feria… Creo que son los mismos…

La feria siempre era un acontecimiento, y también pasaba que antes las familias salían mucho menos, y eso de comer fuera, de ir de fin de semana, o a las ferias de los pueblos vecinos, no se había puesto de moda, seguramente porque los bolsillos no lo permitían.

Los cacharros se ponían en la calle Paciano del Barco, que entonces también era enorme y hoy no hay quien aparque, por cierto. Hoy esa calle también es más pequeña. Bueno, a lo mejor es que cuando crecemos cambia nuestra percepción y todo mengua. Los sitios, las ferias y las sorpresas, todo más pequeño. Recuerdo las luces de colores, el algodón de azúcar, un carrusel de caballitos, otro de cochecitos, los ponis… todo era enorme a los ojos de cualquier niño…

Después pasaron la Feria a la Longuera junto a mi barriada. Cortaban la avenida de la Diputación, y allí mismo se colocaban los puestos ambulantes. La semana antes, cuando salíamos del colegio, nos íbamos a la feria para ver cómo montaban los cacharros y las casetas. Unos hombres muy sucios, con tatuajes, montaban las atracciones como autómatas. Me sorprendía cómo eran capaces de encajar dos chapas con un solo movimiento, o cómo podían extender una lona perfectamente plegada, con solo una patada. Comprendí que lo hacían muchas veces, y entendí que había muchas ferias, y muchos niños curiosos mirando cómo se montan las atracciones.

Una vez nos dieron un montón de fichas de los coches de choque porque ayudamos a descargar unas cajas de un camión. Me parece que fue el primer dinero que gané en mi vida: y eran monedas de plástico. Me duraron muy poco, como me pasa con el de verdad.

Muy poco más tarde, porque como dijo el otro día Alfonso Guerra, la vida es larga pero rápida, íbamos a la caseta de COU. Los alumnos de último curso del Instituto montaban todos los años la caseta. Nosotros mismos, por turnos, éramos los camareros, los vendedores de tickets… Se llenaba. Se bebía… ni flamenco, ni sevillanas, ni jamoncito. En todo caso, una hamburguesa o un perrito caliente en uno de esos puestos pequeños que estaban en las calles.

Amontonados en la caseta de COU, bebiendo cubatas, y los primeros rebujitos… muy mayores para cacharritos, y muy jóvenes para casetas de las de comer. Las casetas de la movida, de los jóvenes, todavía están en la feria. Tienen su zona. Tienen su hora, y tienen su público.

Ya lleva tiempo la feria en el recinto actual. Más lejos, pero más grande. Una feria que siempre he pensado que está al revés: tienes que atravesar todos los puestos ambulantes y todos los cacharros, para llegar a la zona de las casetas. Aunque bueno, los niños no piensan lo mismo. Para ellos, que prefieren los cacharros, la feria está al derecho. Y es que, como dijimos en su día con Sancti-Petri, también hay una feria para cada uno, o mejor dicho, para cada edad.

Mis tres ferias, la del campo de fútbol, la de la longuera y la actual, se corresponden con la feria de mi infancia, de mi juventud, y digamos, de mi madurez. Pero, tengo que reconocer que soy yo el que ha cambiado y la feria no. La feria sigue igual que siempre.

Porque una misma feria, que apenas cambia, es a la vez para los niños y para los no tan niños. Para los jóvenes, para los caballistas, para los flamencos, para los caseteros, para los municipales , para los bomberos… para todos, como aquel anuncio de la Coca-Cola. En fin, hoy es el último día. Mañana, un grupo de hombres con tatuajes comenzarán a desmontar los cacharros con gestos precisos, y doblarán las lonas en perfecta sincronización.

Y habrá que esperar hasta el año que viene…Hoy vamos a dar otra vueltecita. Que lo que no comiste, no bebiste y no…, te lo perdiste.

Chiclanareciente.blogspot.com

stats