La esquina del gordo

Paco / Carrillo

La España de mercadillo

Se mire por donde se mire es la que vivimos. No se encuentra ninguna institución que no sea de mercadillo: Sanidad, Educación, Economía… La Política está muerta y apestará más mientras exista el panorama que se ve a diario: malversadores, prevaricadores, en definitiva, corruptos y/o incapaces escudados en la impunidad y en la lentitud de la Justicia para sentarlos en los banquillos demorando los procesos hasta que prescriben.

Que me haya prohibido opinar de política para no herir a los recalcitrantes, no quiere decir que tire la toalla para referir la desesperación de tantos ciudadanos, la mayoría impotentes ante esta diarrea que se desprende de todos los poderes instalados a dedo; porque eso de seguir diciendo que los españoles somos libres para elegir a nuestros representantes, no sólo es un sarcasmo, sino una vileza.

Habrá observado que se ha pasado de leer la prensa con deseos de adquirir algún conocimiento, a leerla huyendo de las caras que aparecen todos los días: Otegui, Puigdemont, Colau, Maduro, Putin, Bashar al-Ásad, Montoro, Sánchez, Iglesias, Rajoy, Pujol, Errejón, Urdangarín y todos los que están en la mordida dentro y fuera de nuestras fronteras, incluyendo aquellos que la memoria disipa pero no olvida. Todavía hay remolones que siguen haciéndose ricos pasando facturas por lo que fueron.

La táctica del avestruz no sirve para nada; en cierta medida es concederle ventaja a los que nos acosan. La consecuencia ya la estamos viendo con este cambio climático-moral que se ha instalado, donde los escándalos se suceden mientras los compinches ponen sus manos en el fuego por los enfangados hasta el cuello, tratando de confundir la presunción de inocencia, ignorando con cinismo, por intereses concretos, que si se huele a podrido es que hay muchos emboscados que lo son.

¿Estamos, o no, en una España de mercadillo? Sus ciudadanos somos de usar y tirar; carne de estadística; números para el recuento, como cabezas de ganado; reclamos para alardear de votos; condenados a ser caza menor, como las perdices, los patos o los corzos. Carne ingenua y acobardada, cada día más porque si existe alguna seguridad es que podemos ir a peor.

La España de mercadillo. En ellos no existen reclamaciones, o sí, dependiendo del que le atienda, conocido o no, como en las administraciones. Usted no puede acceder a su diputado, caso de que lo conozca, caso de que su diputado sirva para algo más que para obedecer a los que lo han situado donde está. Algo podría variar si se pertenece a un colectivo, y de ser así, dependerá de tantos factores que su problema podrá enquistarse de por vida sin que nadie lo resuelva. Usted está indefenso, y tanto los diputados como los senadores -entiéndalo de una vez- no son suyos, son del partido que los nombra a dedo. ¿Qué queda pues, la anarquía? Ah, ¿pero esto que vivimos no lo es? Al menos así lo justifican los que quieren el cambio a sabiendas de que ese cambio puede condenarnos definitivamente. Menos a los encargados de seguir moviendo los hilos.

Cincuenta años de Venezuela nos contemplan.

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