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La esquina

José Aguilar

jaguilar@grupojoly.com

El Emérito republicano

Dijo que su hijo iba a cargarse la Monarquía por casarse con una plebeya y ahora es él quien más la pone en peligro

Creía, el rey emérito, que regularizando su situación fiscal iba a regularizar su estatus histórico, amnistiar sus tropelías e incluso volver a casa por Navidad, como si nada hubiera pasado. Quizás ha soñado hasta con restaurar la legitimidad perdida, o muy deteriorada, limpiar una reputación seriamente dañada por él mismo y esconder los pecados privados bajo las faldas de su inmenso servicio público a la nación española.

La ensoñación le ha durado poco. Los fiscales del Tribunal Supremo han decidido, y pregonado, que la investigación sobre las tarjetas de crédito utilizadas por Juan Carlos I y varios de sus familiares por cuenta de un millonario mexicano continuará. Pretenden averiguar, y lo harán por la vía "más ambiciosa y más amplia" la espontaneidad, veracidad y completitud (lo siento, es el palabro que han usado) del pago de los 678.000 euros para saldar su deuda con Hacienda por ese dinero irregularmente recibido durante los años en que ya no era rey.

De modo que, aunque la declaración complementaria del emérito se haya producido antes de que la Fiscalía o Hacienda hayan presentado querella en su contra, no está claro que su horizonte inmediato esté fuera del influjo del Código Penal. Y sí está claro que este episodio redondea, refuerza y renueva la espiral de calamidades que está arruinando el crédito moral y político de Juan Carlos, incluyendo aquellas fallas que pueden escapar a la acción de la Justicia sólo gracias al privilegio anacrónico de la inviolabilidad (los regalos de Arabia Saudí, sus regalos a Corinna, sus cuentas opacas en el extranjero): ocurrieron cuando era rey en ejercicio. Inviolabilidad aparte, ningún jefe de Estado puede recibir una fortuna de una nación extranjera ni vivir a cuerpo de rey gracias a un potentado, sea extranjero o compatriota.

Por codicia irrefrenable, desahogo ético y epicureísmo tóxico, el Rey que pilotó la Transición de la dictadura a la democracia, reconcilió a los españoles poniendo fin a una larguísima guerra civil y colocó a una España al fin próspera y libre en el mapa del mundo, ha derivado en un rey emérito que es hoy día el principal activista republicano. Dijo expresamente que su hijo iba a cargarse la Monarquía por casarse con una plebeya y ahora es él el personaje que más está poniendo en peligro la continuidad de la Monarquía, y no sólo por emparejarse con una aristócrata.

Porque la Monarquía peligra. Como nunca desde que la reinstauró Franco.

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