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La esquina

José Aguilar

jaguilar@grupojoly.com

ERC humilla a los socialistas

No sé si es más impactante el aventurerismo de Sánchez o el silencio borreguil del PSOE ante el suicidio colectivo

En las negociaciones, por persona interpuesta, entre el presidente en funciones y el preso que ha de ratificarlo en el cargo, la parte carcelaria no sólo pretende conseguir sus objetivos, sino que busca que se haga evidente que los ha conseguido. Que se sepa sin ninguna duda. Eso supone que la otra parte asuma en buena medida su propia humillación.

Miren, si no, la que está liando ERC con el famoso informe de la Abogacía del Estado sobre la aplicación de la sentencia del Tribunal de Justicia de la UE. En puridad, la Abogacía sólo puede pronunciarse sobre la inmunidad de Junqueras y la forma de recoger su acta de eurodiputado, y siempre será al Tribunal Supremo el que decida. No está en cuestión la sentencia firme que pesa sobre el republicano ni su cumplimiento en la cárcel. Eso seguirá igual, y el hombre saldrá de prisión en cuanto cumpla los requisitos que se exigen los demás reclusos.

La pretensión de Junqueras de que se anule su juicio (y la de Puigdemont de que ni siquiera se le juzgue) es descabellada y carece de fundamento. El tribunal europeo no ha dicho nada porque no puede decirlo, no es su competencia ni el recurso de los acusados iba de eso. ¿Qué hace entonces ERC? Aparte de liarlo todo con una mentira más, exigirle al Gobierno un "gesto" de acercamiento y simpatía con el prisionero y el fugado. Gesto consistente en presionar a la Abogacía del Estado para que emita un dictamen favorable a los condenados. Pero, insisto, es el Supremo, no los abogados del Estado, el que decide el cumplimiento de la pena que él mismo impuso a los sediciosos del 1-0, y ninguna presión imaginable va a hacer a la Abogacía solicitar la anulación del juicio a los cabecillas del procès. Por eso digo que ERC busca sólo consolidar la idea de que Pedro Sánchez se pliega a todos sus deseos -prescindamos de metáforas sobre pantalones- y que ha de saberse. Sobre todo ha de saberse en Cataluña, que Puigdemont anda otra vez crecido y ya se ve libre de todo cargo y repuesto en la Generalitat. Otra quimera.

Bueno, esto es lo que ha querido Pedro Sánchez. Desde el minuto uno: tardó apenas 48 horas en repartirse el gobierno con Pablo Iglesias y 36 días en llamar a Pablo Casado para explicarle que iba a gobernar con Iglesias y pedirle que le ayudara. No sé si es más impactante el aventurerismo de Sánchez y su desprecio al partido que pastorea o el silencio borreguil de casi todo el PSOE ante el suicidio colectivo que se avecina. Por no hablar del interés de España.

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