Calle Ancha

Alberto Ramos Santana

Difusión del Bicentenario y rigor histórico

20 de marzo 2010 - 10:46

No es lo mismo escribir una novela histórica, que un trabajo de divulgación histórica. En la novela el autor, aunque trate de respetar la autenticidad de los acontecimientos históricos novelados, se puede permitir licencias literarias que enriquezcan la verosimilitud de lo que cuenta. Es, por ejemplo, lo que ha hecho Arturo Pérez Reverte en El asedio, una novela sobre el Cádiz de la Guerra de la Independencia y las Cortes de Cádiz, en la que, sin cometer ningún error histórico, se permite un guiño cómplice a espacios y hechos anecdóticos actuales. Pero si en la novela eso es permisible e incluso enriquece, no es admisible en trabajos históricos, por mucho nivel de difusión que tengan, y eso, lamentablemente, está ocurriendo con trabajos sobre el Bicentenario de las Cortes de 1810-1813 y la Constitución de Cádiz.

En el artículo dedicado a la ciudad de Cádiz, durante la época de las Cortes, que se ha publicado en la revista La aventura de la historia -escrito, dicho sea de paso, por un buen especialista en Historia Moderna- se deslizan errores de interpretación, que pueden confundir, sin dudas, al lector no avisado, como que el barrio de La Viña fue el más expuesto a las bombas francesas, que el centro de la ciudad era el barrio de Santa Cruz -en el que estaban los cuarteles y la Facultad de Medicina, que se da por establecida ya-, o se altera el orden del recorrido de la procesión cívica de la proclamación de la Constitución… Ocurre algo similar con al página especial de la versión digital del periódico El Mundo, que se mantiene gracias a un convenio patrocinado por el Ayuntamiento de Cádiz, donde se puede leer que los franceses, en su asedio a la ciudad de Cádiz, llegaron hasta el Fuerte de la Cortadura, que la denominación "La Pepa" surgió en 1812, y que su acepción como vida desordenada surgió durante el franquismo, o que la "tortilla francesa" nació en Cádiz cuando faltó el abastecimiento de patatas.

Lo malo es que, aunque Manolo Ruiz Torres, en su libro sobre la cocina en la época de las Cortes, ya ha explicado que la tortilla francesa existía en 1611, el tópico se sigue repitiendo. Y se recoge en publicaciones que pueden tener gran difusión popular, como la recién salida 1812 un paseo por el Cádiz de la Pepa, editada por el Consorcio del Bicentenario, una breve guía en la que, como ocurre con el Centro de Interpretación, hay varias imprecisiones que pueden generar confusión, además de errores llamativos. Por ejemplo, en la citada guía, al hablar de Antonio Alcalá Galiano se le denomina "diputado", dando a entender que lo fue de las Cortes de Cádiz, cuando se recoge su testimonio sobre la ceremonia de celebración de la Constitución en la iglesia del Carmen. Si imprecisiones y errores son criticables en publicaciones e instituciones que tratan de divulgar lo que se conmemora en el Bicentenario de la Constitución de 1812, mucho más rigor hay que exigirle al organismo creado para organizar la celebración.

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