Como siempre he defendido que el himno andaluz tenía un detalle muy de aquí y muy generoso al homenajear a España en su letra, me he llevado una gran sorpresa personal al enterarme de que el lema de Vox para las elecciones andaluzas será "Andalucía por España". Escuchando el eco de las palabras de Blas Infante en ese lema, me regodeo, con perdón.

Claro que el lema advierte también a sus simpatizantes de la situación electoral de Vox. Las andaluzas pueden ser el pistoletazo de salida para su carrera hacia la representación en las Cortes Españolas o pueden ser un tiro en el pie. Ya analizamos la apuesta que suponía presentarse aquí para la joven formación verdiblanca. Pero ese es su problema, y yo hoy no vengo a hablar de política ni de partidos, sino del lema en sí.

Blas Infante aparte, apela a la mayor seña de identidad de esta comunidad histórica: su españolidad. La constataron matemáticamente Salvador de Madariaga ("Un andaluz es un español al cuadrado") y Antonio Machado, para quien "nada grande puede esperarse de aquellos que se dicen ser gallegos, catalanes, vascos, extremeños, castellanos, etc., antes que españoles", de los que aconsejaba: "Desconfiad siempre. Suelen ser españoles incompletos, insuficientes". Entonces, un andaluz andalucista -se preguntaba a renglón seguido-, "¿será un español de segunda? En efecto: un español de segunda clase y un andaluz de tercera". Aunque no hacen falta las citas: basta darse un paseo por aquí para ver cuántas banderas españolas hay por nuestros campos y ciudades.

Con todo, lo mejor es que el lema da la vuelta, como quien no quiere la cosa, a la mecánica del autonomismo, que lleva toda su historia preguntándose qué puede hacer España por cada región (todas mirándose sus ombligos) y no qué puede hacer cada región por España. Corta por lo sano con el victimismo autonómico. Pasa de la pasividad. Propone otra clase de deuda histórica: la que cada parte tiene con España. Justo, además, en esta hora que para qué les voy a contar.

Muchísimos que lean este artículo no votarán a Vox, como imponen las estadísticas, pero bastantes asumirán que, con independencia de sus legítimas opciones ideológicas, da gusto un lema genuinamente andaluz (al cuadrado) que no imita esos particularismos y egoísmos de otros, y que llama no al llanto sino a la responsabilidad. Visto desde nuestra historia reciente y desde la de España, es un cambio.

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