Defensa de Iglesias

Ofrezco un tema a los más conspiranoicos: la papada de Pablo Iglesias como estrategia mediática

No me queda más remedio que defender enérgicamente a Pablo Iglesias. No en todo. Será una defensa concreta, ceñida, cerrada. He visto muchos memes a cuenta de su papada. Y de su heterodoncia o ausencia de ortodoncia. Y también de su tripilla, como la del Kichi, compañeros en eso todavía, al menos. No me parece correcto.

"Naturalmente", dirá más de un lector que me conozca: "Eso no es defender a Pablo Iglesias, sino darte por aludido, eh, Máiquez". Me temo que es verdad; pero no toda. Tampoco me gusta un pelo cuando se meten con otro político por calvo o flaco o bajito o bajita ni por alguna enfermedad o defecto físico. Yo podría intentar una defensa poética de la papada (aunque me costaría); o explicar que no tiene nada de extraño que con esa presencia física Pablo ligue tanto (hay quienes se extrañan mucho del presunto sex-appeal del líder de Podemos), porque yo, aunque sólo ligué con una (con una papada, sí, pero digo con una señorita), la podría comparar con todos los ligues de Pablo Iglesias juntos y no lo hago porque las comparaciones son ociosas. Pero el mensaje que quiero transmitir es más sencillo.

Hay bastantes motivos de peso (ejem) para censurar a Iglesias, empezando por su proyecto bolivariano para España y terminando con sus raros tejemanejes con las tarjetas telefónicas de sus subordinadas. Agarrarse a la ocasión de su coleta para hacer una broma todavía tiene un pase, si se hace con unas gotas de ironía, sin convertirlo en un tema capilar, digo, capital. A fin de cuentas, la coleta es una opción voluntaria que él piensa que le da un estilo y que usó de logo electoral y que, por tanto, él puso sobre la mesa.

No niego tampoco que el aspecto físico ha sido una constante de la literatura epigramática y del dibujo caricaturesco de todos los tiempos. Sin embargo, las críticas pierden fuerza cuando se obcecan en lo físico y más externo. Y no podemos permitirnos en estos momentos perder fuerza en nuestras críticas a Podemos. Se transmite la impresión de que nos ciega una antipatía irracional, que nos impide hacer un análisis con motivos más fundamentados y que afectan al futuro de la nación, de la economía y de la seguridad de todos. Ofrezco un tema a los más conspiranoicos: la papada de Pablo Iglesias como estrategia mediática para que no hablemos de sus conexiones con Venezuela o del móvil de Dina. ¿No lo es, a que no? Pues no lo hagamos nosotros solos.

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