Corregir un folio en blanco

Aunque el artículo que usted está leyendo está corregido, no se escribió nunca

Contra la contrariedad, tengo un truco: ponerme en lo todavía peor, y así mejora. Cuando la pena de haber perdido a alguien amenaza con vencer mi ánimo, pienso que podría no haberlo conocido nunca. También me vale para situaciones menos dramáticas. No puedo dormir, y entonces me imagino que lo que estoy viendo es como si estuviese soñando algo muy vívido y así, reversiblemente, sueño que duermo, que no, pero algo más descansa. Si hay mucho ruido en casa mientras pienso, hago como que voy en un tren y qué bien se piensa con el traqueteo, ¿verdad? Cuando un conocido se sienta en el bar conmigo e interrumpe la apasionante lectura que traía entre manos, me pongo a leer otro libro que se llama Conversaciones y entonces todo adquiere densidad de buena literatura.

Ahora me encuentro ante un folio en blanco a media hora de tener que mandar el artículo al periódico, que es justo el tiempo que, en condiciones normales, uso para darle el último repaso. Para no agobiarme, he decido pensar que ya tenía escrito el artículo la noche antes, como a mí me gusta, y repasado por la mañana temprano, cuando se corrige con claridad, y que ahora estoy dando ese repaso final, aunque sea a una página en blanco. Puedo corregir con facilidad lo que no existe, y con gran aprovechamiento. Cuento con la ventaja tomista, ontológica, chestertoniana, de que todo lo que existe, ya por hacerlo, es infinitamente mejor que la nada. Será la corrección más aprovechada que haya realizado nunca.

¿Por qué, me reprochará el lector responsable, se ha plantado este buen hombre a estas horas sin tener su artículo como mínimo medio listo? Pues esta vez no ha sido porque tuviese jaqueca ni un ataque de hipocondría ni mis hijos no me dejasen o yo me distrajese con una feria o un carnaval, ojalá. Simplemente quería aclararme con lo que vaya a pasar en Estados Unidos, y no hay manera. Sencillamente me da vergüenza meterme ahora, cuando esto se veía venir desde hace años, con el PSOE por su pacto vergonzoso y -sólo a toro pasado- vergonzante con Bildu. De la supresión de la educación especial por un prejuicio ideológico contra el criterio y la súplica de los padres y los niños tampoco puedo decir nada porque yo no llamo malnacido a nadie. Y así voy de tema en tema desde ayer por la tarde sin nada que decir o demasiado o improcedente. Menos mal que siempre nos queda la página en blanco. Aquí la tienen, corregida.

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