EL ALAMBIQUE

Salvador / González / Mateos /

Civismo e indignación

POR fin tras muchos años de sequía cívica en nuestra ciudad se habla del tema. Pero no son solo las asociaciones de vecinos las que empiezan a hacer por derecho una apuesta cívica. En todo el territorio español y contagiados en multitud de ciudades del mundo ha estallado la spanish revolution, que tiene como hecho diferencial a las anteriores revoluciones la reivindicación en la forma y en el fondo del espíritu cívico.

Durante estos años de travesía del desierto de la esmirriada democracia española muy pocas voces pusieron el dedo en la llaga de una de las deficiencias mas graves de la convivencia en nuestro país. Son muchas las generaciones que han nacido en un caldo de cultivo donde lo importante no era estar bien formado, sino ganar mucho dinero o tener coches del copón. Donde participar altruistamente en los movimientos sociales era cosa de carajotes y por contra el mangoneo, el enchufismo, la especulación y el peloteo estaban bien vistos por un amplio sector de la población.

Ahora que se habla de indignación no puedo dejar de pensar en muchos de los mayores que con rabia e impotencia se indignaban ante el vandalismo que ha asolado fachadas, monumentos y mobiliario público durante todos estos años de libertad entre comillas. Familias enteras que se comportan en sus calles, en sus plazas e incluso en sus coches como auténticos cerdos. Así nos ha ido.

Si la batalla cívica se perdió en los decenios anteriores, creo que el 15-M puede marcar un punto de inflexión en este país. Además el pasotismo de los jóvenes y de sus padres ante los temas públicos puede transformarse poco a poco e ir ganando enteros la idea de que lo público es de todos, y que para resolver los graves problemas de futuro sociolaboral que ensombrecen a la generación que llaman perdida hay que luchar. Frenar la desmedida ambición de financieros que operan globalmente, con una clara consigna: quieren que todos trabajemos como chinos, pero cobrando como chinos. Por eso se han inventado la crisis.

Pero no contaban con la rebelión cívica de la juventud, Estos indignados han dado en la diana y han simplificado la reivindicación. Tienen futuro si aprenden a organizarse .

Antes de criticarlos habría que escucharlos.

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