Cuarto de muestras
Carmen Oteo
Tanta hambre
LA verdadera alianza de las civilizaciones. Una caribeña, una africana y una eslava juegan al parchís. Se oye el repiqueteo del dado sobre el tablero en la plaza de la Mata. Mercado oficioso de la carne. Si no fuera por el oficio al que les empujó la vida, pocas escenas tan tiernas en un mundo tan estresante. Un extraterrestre las vería como uno de los pocos signos de normalidad en una sociedad que va al galope a ningún sitio. Si llega un cliente, los jugadores serían cuatro o se reducirían a dos. Depende. Remedo prostibulario de la escuela de traductores de Toledo.
Sólo queda un puesto de libros en el mercadillo del Jueves. Uno de los vendedores deja su espacio como los chorros del oro. Se llama Chema, con apellidos a cual más literario: Gálvez Casanova. Colgada del cuello, una credencial de la revista ¡Hola! Por el escaparate de la librería de Padilla se asoma un cuadro de Benito Moreno. Es un paisaje de Castaño del Robledo. Una estampa que invita a la quietud como el juego de las meretrices sin tonadillas ni tatuajes. Hay gente que no cree a pie juntillas en los telediarios, en el aquelarre interjectivo de tertulianos apostados en sus respectivas trincheras. El tuyo que es más forullo.
El arabista Rafael Valencia pasea por una calle llena de tiendas y músicos callejeros. Cautela de paraguas en este sexto aniversario del 11-M. Dos parejas de policías locales hacen el alto del café en un bar que también respira sosiego de generación del 98, que invita a hablar bajo y pensar alto. En las mesas de fuera, una americana pide una baguette y una sangría. Tres músicos rumanos aparcan sus instrumentos y dan cuenta en sendas copas de balón de tres lingotazos de aguardiente. Dieta ideal para un amanecer en Castaño del Robledo, si uno pudiera colarse por la ventana de Padilla al alféizar de Benito Moreno, juglar de El Larguero y traductor de los poemas de Bécquer al sánscrito de las sevillanas.
Los servicios de limpieza empiezan a limpiar el mercadillo del Jueves, el más antiguo de Europa, a la altura del Archivo de Protocolos y Casa Vizcaíno. No pasa un alma por el puesto de libros de saldo. Los barrenderos podrían pegarse un atracón de lectura. El Papa volverá a España en invierno. Un viaje relámpago a Barcelona y Santiago de Compostela. De la Sagrada Familia al Obradoiro. De Gaudí al Maestro Mateo. Igual viene a por la sotana de Fernando Peralta, el seminarista rondeño que defendía la portería del Compostela cuando Ronaldo marcó un gol que dio la vuelta al mundo. La extranjera se termina la sangría, la paga y prosigue su camino por una ciudad que mira al cielo y que en la tierra ya mide sus calendas en torrijas. Gálvez Casanova, con su guirnalda del ¡Hola!, parece Jaime de Mora y Aragón.
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