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En la red informática no entienden de ciudades, lo cual es bueno por una parte y malo por otra. El gaditano que gustaba de ir al Teatro Falla para presenciar en directo el concurso cada vez lo tendrá más difícil. Debe pugnar duramente por las entradas, no sólo con los de la provincia, que también venían antes en los Comes, sino con toda la parentela de una chirigota de Ciudad Real, pongo por caso, o unos señores valencianos que estaban muy interesados. El Carnaval rompe barreras y Vicente Sánchez respira tranquilo. Anda que no se ha quitado un peso de encima Vicente, desde que las entradas circulan por la red.
Mi incógnita es la siguiente: ¿Se forasterizará del todo nuestro genuino Carnaval? Si ustedes tienen la costumbre de ver en la tele el Concierto de Año Nuevo en Viena, ya se habrán percatado de que cada año hay más japoneses en la Musikverein. No es que Austria esté llena de japoneses, es que trincan las entradas a través de diversos métodos. En Japón ya se han interesado por el flamenco y hay buenos artistas nipones, pero aún no ha venido ninguna comparsa de Kyoto para cantar un pasodoble al drama de Hiroshima. Puede ser cuestión de tiempo. Hasta que descubran generaltickets.com, el general que ha sustituido a la reventa del Teatro Falla.
En el fondo de la cuestión, está lo de siempre: ¿el Carnaval de Cádiz es para los gaditanos o para los forasteros? El de Venecia del tirón, por ejemplo, es para que los venecianos se disfracen con sus máscaras y sean vistos por los forasteros, entre ellos los japoneses, que son mucho de Venecia, donde abundan. El Carnaval de Cádiz se consideraba patrimonio de los gaditanos, que escribían letras localistas en sus agrupaciones para que nadie las entendiera más allá de Cortadura. Pero ya hasta en Kyoto saben que en la plaza España hay un candado en una glorieta. Todo Cádiz se aprende. Por eso no estará lejano el día en que nos llegue un Yuyu japonés, o un Selu coreano. Como el uruguayo de la comparsa que intentó venir de gorroneo si le pagaba la estancia nuestro Ayuntamiento.
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