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Tomates y calabazas

Lourdes Chaparro

lchaparro@eldiadecordoba.com

Cantora

El tema puede ser una banalidad, de esas que parecen no tener límites con la que está cayendo

Hace ya varios veranos -demasiados- que pasamos cerca de Cantora a la vuelta de Tarifa. Un fin de semana de esos que servían para despedir la soltería de una gran amiga -que también las penas de otra- y recorrer en pleno estío gran parte de la geografía andaluza desde nuestra tierra extremeña. A la vuelta, como decía, pasamos por Cantora, esa finca que se supone que constituye una herencia envenenada. Sería el calor de agosto, sería que pasaba ya el mediodía y que había hambre, que por allí estaba todo tranquilo y no había ningún periodista intentando sacar alguna imagen de la Pantoja, ni de su hijo, ni de nadie, vaya.

Soy más de Rocío Jurado que de la voz que interpreta Marinero de luces -su autor es el maestro José Luis Perales- cuando mejor le conviene, y me vino el recuerdo de aquel viaje la semana pasada cuando Juan Manuel Marqués titulaba ¡Viva Kiko! su columna Crónica Levantisca en este periódico, justo cuando había estallado una nueva crisis en esa finca que parece estar envenenada desde que murió Paquirri. Se posicionaba Marqués Perales en defensa del hijo de la Pantoja frente "a los paquirrines y charlatanes". El tema puede ser una banalidad, de esas que parecen no tener límites con la que está cayendo, pero bien es cierto que, de vez en cuando salir y despejarse no viene mal, que para males ya tenemos la pandemia y todos los temas satélites que conlleva.

Esto de la madre tonadillera y el hijo del alma -realmente desconozco si tiene profesión alguna- es como cuando antes en las encuestas siempre había alguien que decía que veía los documentales de La 2 -que me pregunten a mí, que más de uno he visto y sigo viendo los de corte histórico-, pero lo que de verdad le interesa es conocer la vida de los otros y verter su opinión, así tal cual, como un tertuliano sin más. Esos que parece que dan fe como los notarios en temas que sobrepasan el rigor de la actualidad política o económica. Temas que se acercan más a lo mundano, sirven de refugio frente a la adversidad política del día a día y sobre los que parece más fácil verter una opinión sin temor a equivocarse porque "ha salido en la tele o en las revistas" o porque lo ha dicho, ahora que se lleva tanto, un influencer.

Así que pasarán los años, Cantora seguirá entre Medina Sidonia y Vejer de la Frontera. No sé si para entonces volveremos a pasar por allí esas cuatro grandes amigas en coche de camino de vuelta de Tarifa -ojalá que sí-, pero, a buen seguro, alguien seguirá hablando de ello por más que nos pese o por menos lo que esperemos.

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