El Palillero

Cádiz sirve para el cachondeo

Se exageró una pamplina, y lo aprovecharon porque Cádiz sirve para el cachondeo, para reírse, para hacer de bufones

Es lamentable que la noticia más importante de las pasadas fiestas de Navidad en Cádiz haya sido la cabalgata de los Reyes Magos y el caso del oso averiado. En Cádiz la gente es muy exigente con las cabalgatas. Si fuéramos igual de exigentes con otros asuntos más importantes, quizás otro gallo cantaría y no daría el cante con el megáfono. Si estuvo de trending topic en Twitter y sirvió de pitorreo nacional en el Sálvame de Tele 5 fue, básicamente, por culpa de gaditanos y gaditanas que colgaron videos y se mofaron a gran escala. Se exageró una pamplina, y ya lo aprovecharon fuera, porque en el resto de España sirve Cádiz para el cachondeo, para reírse, para hacer de bufones, con el pretexto de que esto es Cádiz y aquí hay chirigoteo todo el año, y qué se le va a hacer si esta ciudad es así y todo se toma a broma.

Aquí hemos visto cabalgatas incluso peores. Como dijo Manolo Navarro, presidente de la Asociación de los Reyes Magos, probablemente sucedió que la gente se fijó más en los detalles porque no lanzaban caramelos desde las carrozas. Y así se burlaron con lo del oso averiado (al que debieron retirar de inmediato, zanjando el asunto), los personajes reutilizados de otras cabalgatas, las fieras que asustaban a los niños, la comitiva de Baltasar que no era de negros como los de Costa de Marfil sino mulatones, y otros detalles bastante mejorables, pero que se han exagerado.

Yo vi la cabalgata en la plaza de Ana Orantes (antes glorieta Ingeniero La Cierva), a la salida, por donde el oso ya iba dando cambayás. Las carrozas eran mejores que las de otros años recientes, cuando las hubo pésimas. Pero el cortejo tenía el mismo problema de los últimos años: no hay criterio para los personajes. Hace falta un director artístico de la cabalgata, que le aporte coherencia a lo que se ve. Es un cortejo surrealista, sí, donde todo parece improvisado. Ya digo que en Cádiz la gente es muy entendida en cabalgatismo.

Es costumbre que, después de las cabalgatas, se pida la dimisión del concejal o concejala de Fiestas. Es otra exageración. Los mismos que la pidieron cuando estaba Vicente Sánchez, del PP, piden la de Lola Cazalilla, del podemismo anticapi. Si Lola no ha dimitido después de suspender el Carnaval y sustituirlo por unas fiestas típicas de primavera, carece de sentido que dimita porque se estropee el mecanismo en un oso de juguete de una empresa malagueña que contrataron para el evento.

El fondo del asunto es lo que tiene más gravedad. Cádiz sirve de cachondeo en el resto de España porque aquí pasa lo que pasa, y hay lo que hay. Se recoge lo que se vota.

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