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La sentencia de muerte de la planta de Airbus pilló a nuestros gobernantes analizando el choque entre el Valencia y el Cádiz. Al parecer, el fútbol les pone más que proteger el tejido industrial y fortalecerlo para evitar cerrojazos como el de Puerto Real. Medio gobierno valenciano, Iglesias, Errejón y hasta dos ministras, todos tan bien pagados de sí mismos, exigieron una investigación del caso Cala y que le den a la presunción de inocencia, de paso. Ninguno gritó que Airbus no se cierra, ni uno. Si pusieran el mismo empeño en ver qué hacen las compañías con tanto dinero público, España estaría rica y Cádiz dejaría de dar pena. Sólo Airbus ya ha recibido 300 millones y todas las facilidades del mundo. Pero hasta Kichi entró al trapo de un debate populista y exagerado, desde su torpeza y ambigüedad: para decir lo que dijo, mejor no decir nada. El alcalde últimamente no está fino: basta con ver el papelón que interpretó tratando de convertir el vicio en virtud (como diría Pepe Barroso), al ser cazado en una terraza sin respetar las reglas anticovid con sus amigos. ¿De verdad hacía falta que contara que pensaba pagar la multa de su bolsillo?

Mientras nuestros dirigentes se comportan como aficionados, Airbus ejecuta su plan. Y sólo cuando Juanma Moreno se descolgó sobre el particular para dar por seguro el cierre, el personal reaccionó al olor de la gacela herida. Adelantándose al entierro de la planta, la oposición empezó a largar estupendamente del muerto, como sólo este país sabe hacerlo, a la vez que arremetía contra el líder del PP. Todos acabaron partiéndose la camisa por la industria moribunda. La empresa se limitó a contarle las novedades y el parte de bajas a Moreno sin darle voz ni voto en el funeral. Y a él ni se le pasó por la cabeza exponerle nuestra razones, y exigirle como mínimo al Gobierno que redoble su apuesta por el sector, aumentando su participación en el consorcio europeo de aviación para amortiguar golpes tan duros como el presente. Al presidente andaluz sólo le faltó darle el pésame a la plantilla y pedirle a la compañía que apagara bien todas las luces antes de largarse. Aunque por lo menos fue el único que nos contó la verdad. Sus colegas, desde la ministra de Industria a la alcaldesa de Puerto Real, o se hicieron los suecos, o ni se enteraron, lo que es aún peor. De haber dicho Reyes Maroto que ya no admite más chantajes y que el cierre es el mal menor, a cambio de mantener los programas y el empleo, como hoy admite la portavoz del Gobierno, María Jesús Montero, habría sido menos doloroso que esta tomadura de pelo.

Que Cádiz importa a casi nadie lo demuestra que los dirigentes se ríen de nosotros y no pasa nada. Ya se demostró en la visita de Maroto, el Lunes Santo. La líder del PSOE de Cádiz, Irene García, tan crítica con Juanma Moreno, enmudeció cuando 'su' ministra se marchó sin comprometerse a nada, después de que ella le facilitara la estancia con un foro sobre turismo. Ese día no nos contó que la Comisión de Industria del Congreso pasaría de largo sobre la amenaza de cierre, a pesar de abordar expresamente el acuerdo del Estado con Airbus. Ni una palabra. Maroto, que unos días antes acudía a los Astilleros de Mallorca, aquí ni pisó Navantia y sólo aceptó reunirse con los sindicatos cuando le avisaron de que si se negaba, harían mucho ruido. Menos mal que ayer ganamos al Getafe y podemos olvidarnos de todo, ¿verdad?

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