Confabulario
Manuel Gregorio González
Un viejo principio
Cádiz, el Cádiz físico y el Cádiz provincial, ha sido importante en la obra de reconocidos creadores de todas las épocas, obras literarias, sin citar las históricas, lo que es digno de hacerse notar. Un inmortal hasta nosotros, en una literatura sin ramas formateadas, Lope de Vega, tiene calle en Cádiz, -"Las barquillas de Lope"-, rotas entre peñascos caleteros. Y sale la provincia en el Diablo Cojuelo, de Vélez de Guevara, cómo no Zahara con sus pícaros en Cervantes, continuando ese picaresquismo popular en la obra de Luis Berenguer, "Marea Escorada" y en Fernando Quiñones en "La Canción del Pirata".
Ese Cádiz clásico, casi Roma andaluza en su casco antiguo, aparece en no poca literatura costumbrista. Asomará, antes de 1.800, en González del Castillo, quien en sus sainetes, otorga un papel muy relevante al humor satírico, el retrato social y el uso cómico del lenguaje. Permanecerá en Bretón de los Herreros. En Mesonero Romanos. El montañés de Cádiz o Café de Cádiz son obras de pintoresquismo popular acendrado. A ese costumbrismo, Ortega, el filósofo oscilante, lo denominará, plebeyismo.
El pueblo en sí, nunca ha sido bien visto. Siempre ha sido de navaja en la liga, bronca y chulo de patio y colmao. Las juergas flamencas, amén del tronío, tronaban. Sin embargo, Cádiz seguirá presente en las obras del gaditano Cadalso, de Armando Palacio Valdés y del romano Pedro de Madrazo y Kuntz, cuya obra Sevilla y Cádiz, fue de culto.
Una novela capital de la literatura universal, Moby Dick, de Herman Melville, habla de Cádiz en el Capítulo IX -El Sermón-, en cuya alocución el Padre Mapple cuando habla de la parábola de Jonás cita intensamente a Cádiz, y anteriormente habló de Trafalgar…
El plebeyismo, no obstante, gana. Si no, no estaría Kichi donde está. Ni Cavada en la Isla, ni Román en Chiclana. ¿Por qué? Porque los gobiernos democráticos han cultivado el populismo más plebeyo desde que esto es democracia. ¿No sería mejor llamarles militantes costumbristas?
Hablo de Cádiz y la Isla en la Literatura. Esas obras que gente con verdadera categoría presentaba a premios rigurosos y los ganaba. Como el Adonáis o el Planeta. Esa isla donde salía Gallineras, y el corral de Vives, y guardas y pescadores, que fue la precursora, con muchas de nuestras obras, de llamar sabio a un pueblo que no lo era. Pan y circo. Derecho y ferias.
Barcos balleneros de Moby Dick hablando de Cádiz. Barcos pesqueros de la Isla en Terranova hablando de las penurias del Triste, de Leopoldo, de Roque sin su brazo o del Teta, marineros todos que en un día de pesca sacaban para echarle el techo a la casucha de la playa.
¿Y ahora qué? El tiempo, la prostituta alada, matando libros. La educación mínima. La artistada neoilógica cada vez con menos calidad existencial y de la otra. Resentidos unidos. Con menos creatividad que el alumbrado navideño. Queriendo vivir del cuento. Y de la cuenta.
¿Qué libro inmortalizará a Cádiz con las neochorradas literarias? ¿Dónde un escritor o un político de verdadera talla? ¿Quién salvará a una isla hundida en la chapuza y el olvido? Literariamente, digo. Que de lo otro ni la Caridad nos salva, según los proviceros.
La verdad es grande y prevalecerá, cuando a nadie le importe si prevalece o no.
También te puede interesar
Confabulario
Manuel Gregorio González
Un viejo principio
La colmena
Magdalena Trillo
Socialistas de Vox
El Palillero
José Joaquín León
Termómetro del gaditanismo
La ciudad y los días
Carlos Colón
Mal empieza 2026 para las mujeres