En tránsito
Eduardo Jordá
Mon petit amour
Era ésta una de las frases que se oía pregonar por las calles de nuestro pueblo en estas fechas; se voceaba para ofrecernos una preciosa y blanca cal en tacos que asomaba por los bordes de un serón que cargaba un paciente borrico; el vendedor y arriero también solía incitar a las vecinas para que compraran su producto mediante otro típico grito: "¡A la cal blanca!". Se estaba acercando la feria de San Antonio y se hacía necesario encalar la casa, porque si no qué podrían pensar los vecinos. Las mujeres se disponían a apagar la cal y con ella adecentar la fachada que durante todo un año se había ido deteriorando y perdiendo su deslumbrante blancor al irse tornando de un color amarillento con tiznones y raspados en las partes mas bajas, incluso se habían podido desprender algunos trozos de "caliche". En unos casos, solo encalaban las bajeras de las paredes; en otros, se enjalbegaba de arriba abajo toda la fachada, incluso los pretiles y en muchos, ya metidos en faena, le daban también una buena mano de esa agua blanca, bien espesita, a la casapuerta y al patio para que así lucieran más las macetas con jazmines.
Los días de "encalijo" o encalado se notaban en todas las calles; siempre era una tarea de las mujeres que para blanquear las fachadas utilizaban algún pantalón ya viejo del marido o de un hijo y un pañuelo en la cabeza que le protegiera el cabello. Para extender la cal sobre la pared usaban pinceles y pinceletas, que solían ser de palma, y muletillas para llegar mas alto, a veces para no tener que emplear escaleras, se ayudaban de una larga caña al final de la cual se amarraba con habilidad el pincel. En todo caso y al final de la faena tenían que arrodillarse y con agua limpia, el estropajo y la aljofifa quitar todas las gotas de cal que habían ido cayendo sobre la acera para así dejar esta bien escamondada.
Aunque en Chiclana existían mas de una calera y hornos de cal, el producto de éstas se utilizaba mas en la construcción mediante morteros de cal y arena imprescindibles en aquellos tiempos para construir muros y revocar paredes. Para encalar, la mejor cal, por su pureza y brillantez, procedía de Morón y también se vendía, con carácter permanente, en las carbonerías. Alucinaba la blancura de la cal junto al intenso negro, de carbón vegetal, que imperaba en toda la dependencia.
La cal también se aplicaba como desinfectante embadurnando la parte baja de los árboles, ya que en la corteza invernan los hongos y larvas de insectos durante la época de letargo, consiguiendo mediante este tratamiento que en muchos casos no aparezcan en primavera esos desagradables visitantes.
Una vez bien aseada y relumbrante la fachada, hay que pintar las rejas y cierros; a estos ahora los modernos promotores les llaman tristemente "güindous" (windows, ventana en inglés) y siempre se utilizaba el color verde. La pintura se solía comprar en la droguería de Chocolate en la calle Corredera, en esta ferretería durante la temporada se fabricaban dos depósitos de pintura: uno verde y otro "amarrón"; el verde, para el hierro de las rejas; y el marrón para los zócalos. La pintura se vendía a granel, según el peso y se iba con una lata que servía de envase. El tono del color unos años salía mas claro que otros pero siempre se intentaba que pareciera el actual verde carruaje.
El gran problema de la pintura a la cal es la necesidad de su mantenimiento año a año, debido a lo rápido que se pringan y se desconchan las paredes. Hoy en día con las pinturas a base de resinas acrílicas o vinílicas, se consigue mayor capacidad de impermeabilización y mayor durabilidad e incluso en algunos casos los tratamientos de las fachadas permiten su limpieza con agua y detergente o algún producto especial. Por ello el encalado se ha ido perdiendo y al mismo tiempo, como se puede conseguir una gran variedad de colores y tonalidades, se ha ido perdiendo el color blanco en muchas ciudades.
De todas formas parece que las necesidades de hoy van mas por preparar y limpiar la piscina del chalet, adecentar la barbacoa y cortar el césped para la temporada de verano.
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