Buenos comienzos

El valor pedagógico que tiene siempre un buen inicio es algo que resulta imposible de exagerar

El 1 de septiembre, a un profesor de instituto, el cuerpo le pide hablar otra vez de la vuelta al cole. Pero a la inmensa mayoría de ustedes, que no son profesores de instituto, les pilla lejísimos: les queda todavía una semana para incorporar a sus hijos a la benéfica rutina. Me conformaré, por tanto, aplicando un pensamiento muy profesoral a un tema de interés general y urgente.

El pensamiento: un profesor se la juega en las primeras clases y, aún más, en la primera y todavía más en los primeros minutos. La impresión que se lleven los alumnos es muy importante para el resto del curso y, aunque, por supuesto, puede corregirse, lo más sensato es dejar claro desde el principio cuál será el tono y la actitud en esa clase. Si en los quince primeros días el profesor no se hace con el respeto y la dirección, el curso se hará cuesta arriba para todos. La tensión con la que los profesores nos tomamos esos primeros instantes son la prueba evidente de que nos percatamos de su importancia.

El problema general y urgente: la inmigración ilegal. Aunque hay quienes lo niegan, hay un efecto llamada, natural desde el mismo momento en que los que entran ilegalmente, una vez dentro, se quedan en su gran mayoría. Hoy por hoy, forzar las fronteras de España resulta mucho más rápido y rentable que hacer las cosas conforme a la legalidad vigente.

La conclusión: en los primeros días de los inmigrantes que recibimos están recibiendo una lección implícita muy perjudicial. El Estado de Derecho no tiene fuerza para imponerse ni capacidad de reponerse. Violarlo es manifiestamente rentable. Pasar por encima o por delante de los que guardan cola, compensa. Lanzar heces y ácidos a la Policía y a la Guardia Civil tiene más recompensas que castigo.

¿Será posible reconvertir a estos inmigrantes en ciudadanos cumplidores de la ley y respetuosos con el orden? Parece difícil y, si lo es, ¿a qué precio o de reeducación o de conflictividad e innecesaria represión imprescindible?

Además, es perjudicial para ellos. ¿O no vienen aquí en busca de la prosperidad y la seguridad que da, precisamente, un Estado de Derecho? Parece un juego de manos conceptual y, a corto y medio plazo, quizá no les importe nada, pero a largo plazo, cuando se vea la fragilidad de lo que destruimos, será ya tarde. La educación tiene esta característica: sus verdaderos efectos (buenos y malos) sólo se ven después de muchos años.

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