Bienvenido "El Rebujito"

12 de junio 2011 - 01:00

Seguro que durante esta feria del 2011, aún con la presencia del poniente, se estarán consumiendo casi 2.000 cajas de vino de Chiclana, además de la manzanilla de Sanlúcar y otros vinos. De estas cajas de vino (de 12 litros) mas de la mitad seguro que procede de la Cooperativa de viticultores y el resto de otras bodegas chiclaneras.

Esta cantidad de vino nos la habremos tomado, casi toda, transformada en cerca de 40.000 litros del dorado y fresco rebujito.

El origen del "rebujito" parece que está en un cóctel que tomaban los aristócratas y burgueses ingleses al que llamaban "Sherry Cobbler" y era un rebujo de Jerez con agua carbonata que iban sorbiendo de una copa con una pajita.

La feria de Chiclana no se fue inundando de rebujito hasta la década de los 90 del pasado siglo. Hasta entonces, hace tan solo unos 20 años, la cerveza se estaba haciendo la dueña del gran consumo de bebidas en el ferial, mientras que disminuía la salida de nuestro vino fino chiclanero. La implantación de este nuevo néctar no estuvo exenta de discusión pues los ortodoxos bebedores del vino fino no podían admitir semejante "perversión", eso de echarle agua al vino no debiera ser admisible, se pensaba.

A pesar de alguna que otra oposición el rebujito se ha ido abriendo un gran camino en nuestra feria y en todas, tanto dentro de Andalucía como fuera de ella. Alguna empresa, atenta al gran consumo que se empezaba a producir, sobre todo por la gente joven, lo quiso promocionar ya preparado y envasado en botellines como si fuera un refresco y esta experiencia no resultó.

Entiendo que una parte importante del éxito del rebujito es su liturgia a la hora de componerlo y servirlo: en una jarra de un litro y preferiblemente de cristal transparente se rebujan: una media botella de vino de fino de Chiclana, mucho hielo y se colmata con Sprite, Casera blanca ó 7 Up. Se sirve mejor en vaso alto con algún trozo de hielo, algunos le echan unas hojas de hierbabuena. El resultado es una bebida muy refrescante y de sabor agradable muy suave al paladar y que entra muy bien. Además resulta un contrincante duro con la cerveza pues un litro de "rebujito" suele contener parecida cantidad de alcohol que un litro de cerveza; el primero tendrá de 36 a 40 gramos de alcohol por cada litro y la también rica cerveza de 32 a 36 gramos también por litro. Ello ocasiona que la ingesta de uno u otro tenga el mismo resultado en la marcha del jolgorio.

Las ferias de Chiclana hasta la década de 1980 eran unas fiestas solo contemplativas para aquellos que ya habían dejado de ser niños, los tipos de aparatos de feria invitaban poco a los adultos a subirse y lo normal era sentarse en alguna mesa para ver algún espectáculo, comer algo frito y beber alguna botella de vino y en el mejor de los casos bailar "por lo fino" a los sones de la orquesta en la caseta municipal. A partir de esos años el baile por sevillanas se extendió por todas las edades y todas las casetas y a su ritmo creció la feria del mediodía y con ella la de mucho calor.

Muchas y muchos pasaron por academias para aprender a bailar sevillanas y unos con otros le dieron un bonito aire nuevo y mucho mas participativo al mayor número de casetas que se iban instalando en el ferial, con lo cual la feria se ha ido engrandeciendo de tal manera que pensar que se pudiera instalar en la Alameda del río o en los alrededores del campo de fútbol parece hoy imposible. La realidad es que la de entonces era otra feria y la gente otra gente, aunque siga siendo la feria de Chiclana.

Así que bienvenido "rebujito", que nos deleita calmándonos el calor y nos ayuda a soportar el ajetreo continuo durante las horas más calurosas de las tardes de feria. Al mismo tiempo, evita la deshidratación que en forma de sudor vamos expulsando debido al ejercicio que nos demanda nuestra pareja al bailar, como se puede, una y otra vez las cuatro partes de las muy sentidas sevillanas.

Además de refrescarnos es una buena y agradable salida para los problemas de excedentes que tienen nuestros vinos por la falta de consumidores.

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