El pinsapar

Beñat

Desfila delante de mis ojos todas las tribulaciones, todas las mentiras, toda la interrogación que es vivir en esta España

Creo que es mi infancia la que lo ha resistido todo. Un lunes 5 de abril lo escribió Beñat Arginzoniz. Y añadió: El mundo niega el espíritu y niega la poesía, y yo me aferro a mi tesoro invisible. Punto y aparte. Creo que lo imposible es mi única alegría. Fin de la cita. Tengo su libro sobre mi mesa, está siempre allí, unas veces arriba y otras debajo de otros libros imprescindibles. Se llama El desorden de los últimos días. Hoy lo he tomado y ha vuelto el mismo entusiasmo de cada vez. Creo que fue Camilo José Cela, ¿lo recuerdan?, al primero que le oí hablar de la purga del corazón. En Oficio de tinieblas puede que fuera. El libro de Beñat es mucho más purgante que el Oficio de Camilo José. Estas páginas son el desorden de los últimos días, el temblor de una mano que mata o muere. Un combate interminable entre la tristeza y la alegría. Punto y aparte. Hablo de un amor que sigue creciendo en mitad de todas las despedidas. Pero no es hasta un domingo, 18 de abril, cuando escribe: El tiempo pasa, borrándonos. Pero algo sigue aquí, en mitad de todas las desapariciones, algo a lo que yo llamo poesía. Beñat Arginzoniz es un escritor vasco bilingüe perfecto, poeta, ensayista, narrador. Pausado, tranquilo, aficionado al flamenco. Psicoanalista y bastante irredento. Así leemos en El desorden de los últimos días: De todas las mentiras del mundo, sólo la poesía me ha dejado a solas con la verdad. Y: No querer saber ya nada, no preguntar ni buscar respuestas. Saber únicamente que todo es absurdo salvo el amor. Fue el 23 de abril, Día del Libro, cuando lo dejó escrito en un cuaderno que llevaba para los pensamientos y las iluminaciones.

Cierro el pequeño libro de Arginzoniz y empiezan a desfilar delante de mis ojos todas las tribulaciones, todas las mentiras, toda la interrogación que es vivir en esta España de ahora mismo, asediada y fementida. De colas de gentes en los telediarios aguardando el turno en un Centro de Salud para un test, un antígeno. Y el murmullo que se ha convertido en poco tiempo en una alucinación, un griterío. ¿Dónde están los pensamientos del poeta en esa faramalla, ni en el miedo? Puede que esté, como muchos estamos, muy cerca de la confinación. Es la defensa contra el virus y contra las mentiras. Es tomar las riendas uno, hacer caso a quien tiene la autoridad, que no el poder. Es pensar, discernir, discriminar. Se trata del ruido que hay, de las estadísticas que nos muestran, o no. De todo esto de lo que no habla Beñat.

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