Tribuna libre

Antonio L. Muñoz Galán

El Ayuntamiento y el lenguaje de las formas

LA fachada del Ayuntamiento de Cádiz es una obra de finales del siglo XVIII y principios del XIX en cuyas reformas neoclásica e isabelina intervinieron Torcuato Benjumeda y García del Álamo: pórtico almohadillado, columnas y pilastras jónicas de orden gigante y frontón triangular que remata el segundo cuerpo; en el tercero, la torre reproduce la obra anterior manierista y culmina en una cúpula a modo de campanario sustentada por pequeñas columnas jónicas. La obra de Benjumeda es amplísima en nuestra capital. Como urbanista diseñó la Cuesta de las Calesas, la plaza de España, la zona entre el Ayuntamiento y la Capilla del Pópulo, el barrio del Balón; como arquitecto, intervino en la parroquia de San José, la Santa Cueva, la iglesia de la Conversión de San Pablo, la parroquia del Rosario, la Cárcel Real, actual Casa de Iberoamérica…

En lo que se refiere a la escultura, Cosme Velázquez es el autor de las yeserías que, en forma de guardapolvos, recorren la fachada del Ayuntamiento. Así, son interesantísimos los tondos que reproducen monedas antiguas y muestran semejanzas con las de la antigua ceca de Gadir, aludiendo a su riqueza comercial y pesquera: atunes, delfines… De igual modo ocurre con la ornamentación que se encuentra en el interior de la balconada central que, en este caso, representan el tema mitológico de los tritones o mensajeros de las profundidades marinas. Homero los cita en la Odisea como seres que pasan la vida entre las olas divirtiéndose con nereidas, ninfas y monstruos marinos.

El Hércules del frontis de la fachada se colocó en 1928 y se encontraba en las fortificaciones aledañas al Puente Zuazo, en San Fernando, mientras que las esculturas de San Servando y San Germán que flanquean la torre superior son barrocas de mármol italiano y se relacionan con la plástica genovesa del siglo XVII.

El escultor Cosme Velázquez es uno de los artistas más prolíficos del Cádiz de los siglos XVIII y XIX. Miembro destacado de la Escuela de Nobles Artes -llegó a ser director de escultura-, su obra es ingente en nuestra ciudad. El obispo don José Escalzo le encargó en 1784 la decoración escultórica de la iglesia de San José, hecho que le permitió entrar en el círculo de Ventura Rodríguez, Torcuato Cayón y Benjumeda con quien mantuvo una estrecha relación profesional. Ambos fueron profesores de la Escuela de Bellas Artes de Cádiz y vecinos en la plaza de la Cruz Verde, colaborando en obras de una gran entidad plástica: la iglesia del Rosario donde realizaron la mayor parte de los retablos; la Santa Cueva, en cuya Capilla Eucarística se yuxtaponen los elementos neoclásicos con los magníficos relieves de la primera comunión de San Luis Gonzaga y la milagrosa de San Estanislao de Koska; la iglesia de San Pablo, en cuya fachada se da un precioso juego de pilastras, frontones y triglifos con el relieve de la Conversión del Santo homónimo…

Benjumeda y Velázquez. Un arquitecto y un escultor que dialogan en la fachada del Ayuntamiento y lo hacen con formas que hablan de templo antiguo, de Partenón, de mitología, de comercio marítimo, de monedas que se usaron a lo largo y ancho del Mediterráneo. Imágenes que anuncian en la plaza de San Juan de Dios a Cádiz como la ciudad más antigua de Occidente.

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