Alto y claro
José Antonio Carrizosa
¿Ha engordado el PSOE a Vox?
En algún momento del siglo XX se pusieron de moda las palmeras como árbol de carácter ornamental. Todas las ciudades españolas desde entonces parecen un oasis, incluso una mezcla de Los Ángeles y Miami. Comprendo que es un árbol cuyas raíces no destrozan el pavimento, que tienen un fuste largo y alto que no molesta, se las poda de vez en cuando sin riesgo de que se agosten por falta de agua. Alguien debe pensar que son bonitas, a mí me parece que no ayudan lo más mínimo: no bajan la temperatura porque no tienen ramajes, no sirven de refugio a los pájaros, no dan sombra. Son meramente ornamentales cuando en una ciudad como Cádiz y con el aumento de la temperatura, debería procederse a sustituir las palmeras por otro tipo de árboles más útiles. No digo yo que llenemos de ficus la ciudad, con los del Mora y la Alameda es suficiente, por falta de cuidado se han convertido en un nido de ratas aunque a los turistas les llaman mucho la atención la frondosidad y la extensión de sus ramas, por si fuera poco crecen con rapidez. Ahora que Hollywood nos ha puesto sobre la mesa a Napoleón conviene recordar una anécdota: iba el corso con sus generales después de la Batalla de las Pirámides y dijo “dentro de unos años, en aquellas lomas, plantaremos cedros” a lo que responsó su edecán “pero majestad, los cedros tardan cientos de años en crecer”, con lo que concluyó el famoso general francés “pues entonces plantadlos mañana mismo”. Es decir, conviene un plan de reforestación de la ciudad que incluya especies que se adapten al clima y al suelo que sirvan para bajar un par de grados la temperatura media, aunque puedan albergar cotorras argentinas con sus desagradable gritos. La Junta de Andalucía declaró Bien de Interés Cultural el drago del Tinte, del que se decía que tenía más de doscientos años, con lo que era probable que hubiera visto a los diputados doceañistas. Fue declarar el árbol BIC y caerse, con lo que se demuestra que la Junta no aporta mucho a la ciudad. Lo han sustituido por un olivo, en eso tampoco han sido muy originales. También se cayó el drago de la Facultad de Medicina, repuesto con el tiempo por un grupo de médicos canarios que estudiaron en la Facultad gaditana o vivían en Cádiz, como el añorado Leopoldo. En los jardines del Obispado hay una araucaria maravillosa que esperemos no caiga con la piqueta cuando alguien discurra la manera de convertir ese jardín en una plaza dura y en viviendas de renta libre . En Mina y Candelaria, afortunadamente, hay árboles de gran copa y hermoso fuste, como se tenían que haber plantado en la plaza de España, han dejado delante de la Diputación un monumento a la baldosa, a la espera de esa “fuente seca” que vaya usted a saber lo que es.
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