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VENGO aquí, a esta columna, de prestado, para decir que amo a Cádiz, a pesar de que no respetan a los poetas. Yo soy el apócrifo de Rubén Darío, yo soy aquel que había escrito: "Yo soy aquel que ayer no más decía/ el verso azul y la canción profana". Y esto lo escribí en 1905, mucho antes de que Raphael cantara Yo soy aquel en Eurovisión de 1966. Y yo estaba desde 1974 en un jardincito de la Alameda, gracias a que el Gobierno de Nicaragua me regaló a Cádiz, con un pedestal que incluía una sentida dedicatoria. Pero encima del pedestal estaba mi busto, que era mío, el de Rubén. Hasta que desapareció, como casi todo lo que está al aire libre en Cádiz.
A los que habéis leído Azul os digo que en ese pedestal me sentía como en la gloria. Yo ya lo había escrito: "En las pálidas tardes/ me cuenta un hada amiga/ las historias secretas/ llenas de poesía /lo que cantan los pájaros,/ lo que llevan las brisas, /lo que vaga en las nieblas,/ lo que sueñan las niñas". Imagínense las historias secretas llenas de poesía que he conocido en la Alameda durante los últimos 40 años. Por eso sentí tanta pena cuando mangaron el busto. ¡Se me fueron los mejores años! Y también estaba escrito: "Juventud, divino tesoro,/ ¡ya te vas para no volver!/ Cuando quiero llorar no lloro…/ Y a veces lloro sin querer…"
Es para llorar, porque los vándalos en Cádiz no respetan ni que están en Carnaval. Le han mangado hasta la espiocha al Tío de la Tiza. Bueno, y la hoz a Columela. Y a mi me dejaron reducido a pedestal sin busto. Cádiz ingrata. Cádiz, que no me nombró pregonero del Carnaval, a mí, que había escrito: "¡Vivan los Carnavales!". Aunque me refería a los parisienses. Pero también escribí una Canción de Carnaval y un Pequeño poema de Carnaval, con unos versos que hubieran quedado de lujo en el pregón: "Gozad de la carne, ese bien/ que hoy nos hechiza,/ y después se tornará en/ polvo y ceniza".
El Ayuntamiento ya iba a encargar un busto suplente. Menos mal que me han encontrado. Dicen que la Policía preguntó en "los ambientes callejeros" (ustedes ya me entienden) y aparecí en un solar, dentro de una maleta. En Coloquio de los centauros lo dice Astilo: "El enigma es el soplo que hace cantar la lira". Pues eso, que fue un enigma y un soplo. Y hasta que llegue otro. Pero quiero ser optimista, para terminar, pues también lo dejé escrito: "Y, no obstante, la vida es bella/ por poseer/ la perla, la rosa, la estrella/ y la mujer". Cádiz es una ciudad sembrada de poetas, pero debían cuidarnos mejor.
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