A cada uno, el corazón le cae como una plomada a gusto del consumidor. El mío, por ejemplo, cuando veo protestar al sector cultural y las respuestas que se pulsan son: "Ven a recoger melones" o "Necesarias, mascarillas". Recoger melones es más que necesario; tener un tejido industrial que te permite un remanente de producto X, ni te cuento. Pero el sector cultural, vapuleado y precario como es, se las arregla aun así para contribuir al PIB nacional en torno a un 3%. En este confinamiento, muchos habrán comprendido que lo artístico o cultural, lo que uno crea en las medidas de sus posibilidades, merece un valor porque es valioso en sí mismo. La literatura, el arte, nos amplían la vida cuando las cosas van bien dadas; hacen que merezca la pena vivirla cuando vienen torcidas. Entre lo poco bueno que espero de esta crisis es que se valore un tanto a los creadores. Aunque su ministro, por lo que parece, no lo hace.

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