La fiebre capitalista nos ha llevado hasta límites insospechados. El día posinauguración del ya popular centro comercial Lagoh, situado en las inmediaciones del puente del V Centenario, todo el mundo hablaba de él. También durante estos meses previos ha sido uno de los temas recurrentes en los periódicos y otros medios de comunicación, así como en los corrillos de media ciudad. En medio de la euforia por construir un nuevo centro neurálgico que dé trabajo y progreso a la tan querida ciudad de Sevilla, en mitad de la alegría por contar con un nuevo centro de ocio en el que gastar el sueldo que no tienen los hispalenses, se cuelan las incoherencias derivadas de los tratos de favor que ha recibido la mastodóntica construcción, concebida alrededor de un gran lago central.

Los intereses políticos o económicos -o los marketinianos, quién lo sabe- han podido ante las propias necesidades de movilidad de nuestros ciudadanos. Mientras en el primer caso todo ha sido tramitado con la rápidez y urgencia que todo gran proyecto se merece, aún hay barrios de la ciudad que a día de hoy continúan incomunicados o con escasas opciones de líneas Tussam que conecten con el centro o cualquier otro punto de la ciudad como los complejos hospitalarios. Ejemplos, muchos. Años de sudor, de muchas burlas y memes les ha costado a los habitantes de Sevilla Este contar con una línea de transporte urbano eficiente que les permitiera moverse por su ciudad con libertad. Fue hace unos años, gracias al proyecto de Línea Este (LE), cuando se puso en marcha un trayecto que conectaba una de las zonas con mayor actividad empresarial (gracias al Palacio de Exposiciones y Congresos de Fibes) con la parte oeste de la ciudad. De zonas como Los Bermejales, Montequinto, Tablada, Jardines de Hércules o el Aljarafe mejor ni hablamos, porque apenas cuentan con opciones para moverse con la frecuencia que sus residentes necesitan. Todas ellas, zonas residenciales cada vez con más peso, cuyos habitantes, a duras penas, se han ido integrando en las actividades rutinarias del día a día de su propia capital.

Lagoh ha llegado a la ciudad como llega el primo mimado cada 7 de enero. Cargado hasta los topes de ventajas y regalos, de procesos burocráticos que se han acortado para llegar a tiempo para que todos pudieran salir bien en la foto. Aunque ésta haya estado algo accidentada por la rotura de una tubería durante su primer día de apertura, cabría esperar la misma prontitud a la hora de solventar la incidencia.

Que conste que este artículo no pretende ser más que un llamamiento a la coherencia y al sentido común y no ningún ataque. Se ha demostrado que en esto, como en todo lo demás, si se quiere, se puede. Y la espera depende de para qué puede ser más dulce. A ver si se aplica para el resto de peticiones necesarias, como la terminación de la SE-40, tomando este ejemplo como punto de partida.

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