La Azotea

Tamara García

tgarcia@diariodecadiz.com

El refugio y la fortaleza

Como en casi todo lo que tiene que ver con la inteligencia emocional, esta vez, tampoco nos pusimos de acuerdo. Ella, con su carácter sereno y su empeño casi obsesivo de calzarse los zapatos del otro, defiende que existen muchas maneras de querer. Yo, con mis ramalazos de intransigencia y mi esquizoide determinación de ir a corazón abierto, pienso que sólo existe una. Cada uno ama a la familia, dice ella, como puede. Sólo se puede amar, digo yo, a lo que se conoce. Ella revolotea alrededor de la mesa navideña poniendo platos y armonía, hablando poco, escuchando mucho. Yo, por contra, desarmo servilletas y sirvo polémica con la seguridad de que no volarán cuchillos, los inmoviliza el amor. Ella quisiera que yo fuera más comedida. Yo quisiera que ella diera algún que otro golpe en la mesa. Pero nos sentamos, una junto a la otra, con la secreta alegría de que yo, su hija, siempre seré su fortaleza , y ella, mi madre, siempre será mi refugio.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios