El pregón y la boda

16 de febrero 2026 - 10:02

No soy de pregones, aunque alguno sí que he tenido que hacer, pero tras disfrutar del que hizo Manolo Morera el año pasado quise repetir y el sábado de San Valentín me conecté a Onda Cádiz, donde Quique Miranda y Miriam Peralta daban paso a un Manu Sánchez travestido de Hércules, el semidiós. Lo bueno del carnaval y de la libertad de expresión es que el de Dos Hermanas pudo hacer el pregón que le salió de su cojón. Hubo menos humor que crítica política, que abundó: mucho de confesión y homenajes a referentes, proselitismo feminista y un pelín de confesionario. Pero esa es la libertad -que tiene ocho letras- del pregonero del carnaval. Al que le gustó, bien. Al que no, respete.

Pero nadie esperaba el final sorpresa, una petición de mano en vivo y en directo, con Bruno García, alcalde de Cádiz, de oficiante, y la pregonera infantil de testigo. El hercúleo Manu Sánchez pedía a su pareja y madre de sus dos hijos, Lorena Sánchez, que subiera al balcón con la excusa de hacerse una fotografía de recuerdo, pero una vez allí hincó rodilla y sacó anillo, la profunda voz salió de su interior y le pidió matrimonio a la joven isleña, que le dijo que sí. ¿Cómo no iba a hacerlo, después de haber burlado a la muerte dos veces al menos?, dijo ella.

Porque la verdad de todo esto es que cuando uno sobrevive a una enfermedad tan dura más allá de todo pronóstico pierde el filtro, toma perspectiva de la relatividad de la existencia misma y dice, expresa, colige, argumenta y disecciona lo que le viene en gana. Y eso es lo que le ha pasado al ya de por sí deslenguado Manu: lo suelto y ahí queda eso. Esto requiere grandes dosis de valentía, ténganlo claro. Pero bueno, no quiere decir esto que yo esté de acuerdo con su pregón ni que yo lo hubiera hecho igual, pero es que esto no trata de eso. Manu Sánchez ha gastado su bala, disparando el pregón que ha querido, y como he dicho antes, hay que respetarlo.

Uno que tantas veces pisa charcos —a propósito, además—, sabe qué quiere decir un cómico cuando llora. Llegado a ese punto, le da igual todo, porque un humorista no es un bufón y un superdotado como Manu, con un coco en el que cabe la enciclopedia británica, no sale a un escenario para lamer culos ni congraciarse con nadie. Si se equivocó, acertó, o se le recordará en el futuro, nadie lo sabe aún, pero la valentía la desparramó ayer a raudales. Y no lo digo por casarse, en estos tiempos trumpistas, precisamente. Así que yo brindo por ti, Manu, y te deseo un feliz carnaval toda tu vida.

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