Ha saltado nuestra ciudad a la palestra nacional a raíz del escándalo provocado por el jefe de la Policía Local, que se ha dedicado durante meses a proferir desde su perfil de una red social todo tipo de improperios contra representantes de la izquierda, y a lanzar arengas de tipo fascista.

Cuando leí los comentarios de quien se le supone defensor de nuestros derechos y garante de nuestra seguridad, me quedé alucinado. Incluso preocupado; lleva pistola al cinto. Es difícil encontrar tal cúmulo de barbaridades juntas, en tono tan amenazante y maleducado. Irreproducibles. ¡Vaya ejemplo para la ciudadanía!

En este país hay libertad de expresión; pero está tipificado como delito difundir mensajes despectivos e insultantes contra personas por razón de su religión, condición sexual, origen o ideas. La Constitución prohíbe la discriminación, pero a nuestro jefe de Policía esos derechos le traen el pairo. Y debería ser delito, a semejanza de muchos países europeos, la apología del fascismo y del franquismo. ¿Cómo puede difundir proclamas de quien fue el líder de los falangistas-fascistas en España?

Además, se permite el lujo de convocar a la ciudadanía a unas concentraciones ilegales para hacer ruido con unas cacerolas, exigiendo que se acabe el confinamiento, con pleno conocimiento de que así se favorecería el contagio de sus compatriotas, que podrían morir en masa. Eso sí, enfundado en la bandera de España. ¡Valientes patriotas de pacotilla!

Yo sufrí personalmente los malos modos de este personaje. Lanzó en las redes sociales una serie de comentarios insultantes contra mi persona, acusándome de no haber trabajado en mi vida y vivir de las subvenciones; los típicos bulos de Vox. Me lo encontré en la puerta del Ayuntamiento y le pedí explicaciones; se hizo el loco diciendo que no sabía de qué le hablaba. Le dije que además de un difamador, era un cobarde. Y ahí se quedó. Estos patriotas virtuales son así, valientes en las redes sociales pero muy cobardes cuando se enfrentan a las personas y a la verdad.

Me avergüenza tener un jefe de la Policía xenófobo, homófobo y muy mal educado; y también el tener unos responsables municipales incapaces de expedientarlo, y de poner esas declaraciones en manos de la Fiscalía, como es su obligación.

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