Las nuevas estaciones

Pero ahora estamos en lo que estamos, más que nada a ver si ganan los que yo he votado

Hoy, con la Resurrección, finaliza una Isla penitencial para incorporarse enseguida a la nueva estación vital del día 28 en la que tanto nos jugamos todos, de creer a unos y otros, a los que nos prometen el cielo y a los que nos anuncian la llegada del Armagedón. Es la primera, ya digo. En la frente, como se suele decir. Empiezan los grandes debates televisivos, los mítines y el run run electoral que acabará el domingo, cuando vayamos a las urnas a depositar nuestros votos. E inmediatamente mayo para renovar la piel de la ciudad, comprobar si para la gente Patricia Cavada lo ha hecho bien o hay que llamar de nuevo Loaiza para que vuelva a la Alcaldía con todo lo que sume, si lo consigue, incluido Romero, si sale elegido. Bueno, digo Cavada o digo la sorpresa que sea, porque todos juegan, entran en las urnas, la democracia es así y demos gracias.

Va a precipitarse todo y lo que salga sumará a lo que ya hay, o restará. De nuevo la posibilidad de tres en raya o para ti ni agua. Sabemos mucho de vivir así, durante muchos años así vivimos. Ahora hay una ficha autonómica, siempre tan importante, pendiente de la alineación. Si Madrid, Sevilla, San Fernando quizá se solucionen algunos problemas digamos estructurales, si sale otra combinación pues deberemos confiar en nuestras propias fuerzas y en nuestra capacidad de hacer amigos y convencer a unos y otros de la justicia de nuestros sueños.

Pero ahora estamos en lo que estamos, más que nada a ver si ganan los que yo he votado, o suman por aquí o no suman por allí, no pierden del todo. Ya no es cosa nuestra, votamos y hasta la próxima, entremedias, nuestro malestar o nuestra aquiescencia. Aunque lo cierto es que inmediatamente volvemos a nuestras vidas y nuestra lucha personal, con la salud, con la existencia que palpita. Y luego mayo, el tiempo ha pasado volando, el tiempo corre de verdad. La propia alcaldesa debe pensar esto, que el tiempo se ha ido como arena entre las manos y que muchos de sus sueños o sus deseos no se han cumplido. Digo que podría recordarle algunos ahora pero ninguno otro como el tranvía por la calle Real, esa estampa de la inoperancia y la ineptitud, cuatro años más sin su normalización. Con el escándalo de las mentiras que nos fueron diciendo los que ya perdieron la credibilidad política para siempre.

En la tradición cristiana hoy resucita el crucificado y se le aparece a las mujeres. Si no hay resurrección la fe no vale nada. Pero en lo mucho y en lo poco.

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