Ocurrió en 1979, la noticia llegó como un obús. Por inesperada, por dolorosa. Luis Berenguer había muerto. Había que preguntar y repreguntar. Porque yo había estado en su casa el día antes de que empezara a notarse mal, ir al médico, volver a ir, quedarse en casa, o sea, no salir a cazar, que había quedado, sentarse a ver la televisión con los suyos y expirar. Así de esquemático, así de verdadero. Por eso era preciso repreguntar a quien te había llamado por teléfono para decírtelo: Imposible, ayer estuve con él, no, antes de ayer, hoy se iba de cacería. No fue, se sintió mal, fue a don Juan Martínez, volvió a ir por la tarde, nada, no tienes nada, Luis, y le explotó una arteria.

Maldita víspera, maldito día de septiembre. Tenía 54 años y muchos hijos, muchos. Que lo necesitaban, que tenían derecho a disfrutar de un padre así, tan lleno de cultura, de ingenio y de arte. Y estábamos los amigos, los escritores que empezábamos. Y los lectores. Éramos muchos, muchos los conmovidos, los golpeados por una muerte inexplicable, prematura. Juan Mena se casaba el día que lo acompañamos al cementerio, por la tarde, en el Carmen. Por la mañana el dolor, por la tarde la alegría de la boda de un querido amigo, admirado poeta para Luis Berenguer. Rafael Duarte y Juan Mena eran los dos poetas de la Isla, y lo siguen siendo. Luis Berenguer les presentó en el Centro Cultural un poemario, no era de presentaciones pero fue a decirles algo, quién nos diría a todos que el reloj se había puesto en marcha, que llegaría el día 14 de septiembre y que Luis se iría al misterio de cabeza, confesado y comulgado, como estaba siempre, porque -lo confesó- comulgaba todos los días "un poquito".

Mañana murió Luis Berenguer y ayer apareció en mi estudio, dentro de un libro suyo, Tamatea, el programa de mano de la Feria del Libro del año 1995… dedicada a Luis Berenguer. Por lo que fuera hubo años en que la ciudad se esforzaba en tener una buena Feria del Libro, con muchas librerías y muchos actos culturales paralelos. La Isla apostaba por la cultura de los libros y los escritores, era la ciudad en donde descansaba el gran novelista Luis Berenguer. Otra de las estelas que le debemos al gran José González Barba, alguien de verdadero mérito, cada día que pasa su figura se engrandece para mí, se minimiza, por el contrario, las de quienes no lo quisieron, no lo reconocieron ni valoraron. Sí, fue mañana cuando murió, cada 14 de septiembre. Por eso lo estoy releyendo, aunque tengo sus libros siempre muy a mano, es como oírle decir las cosas que me decía, los dos solos en su despacho de la casa de la calle Real donde me leía sus novelas inéditas. Inolvidable Luis, qué grande, qué grande…

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