Teresa Almendros

talmendros@diariodecadiz.com

Ponga un vídeo en su vida

Estamos viviendo tiempos convulsos en lo que a la comunicación se refiere. Los medios de comunicación tradicionales ya no somos la única vía por la que los ciudadanos reciben información, y la llegada de las redes sociales y los grandes buscadores ha supuesto una revolución que tiene sus ventajas y sus inconvenientes.

Los políticos de hoy tienen a su alcance nuevos métodos para hacer llegar su mensaje a sus potenciales votantes, y el vídeo distribuido a través de Facebook o Twitter se ha convertido para la mayoría en un nuevo canal con el que hablarles de tú a los electores.

Incluso los gabinetes de prensa, sin ser el de El Puerto una excepción, están dejando bajo mínimos a sus equipos de periodistas en pro de nuevos perfiles como los community managers.

Todos ustedes habrán visto en estos últimos meses a los políticos portuenses prodigarse en las redes sociales como protagonistas de vídeos más o menos caseros y grabados con más o menos acierto, algunos en modo selfie y otros con la colaboración de alguien de su equipo. En ellos se dirigen a su audiencia como si hablaran con alguien conocido, tutean amigablemente a sus receptores, en tono cordial y hasta un poco condescendiente, sin saber exactamente a quién se están dirigiendo, si al simpatizante ya convencido que siempre te va a dedicar un halago o un comentario positivo o al enemigo políticoque aprovechará para darte una colleja por cualquier motivo, venga al caso o no. Y es que no basta solo con estar en las redes: hay que estar bien asesorado y saber muy bien lo que se quiere transmitir, o de lo contrario lo que podría ser una ventaja se convierte en un lastre.

Con estos vídeos, que a veces están incluso sustituyendo a otras fórmulas más habituales de difusión como los comunicados o las ruedas de prensa, se corre el riesgo de que el mensaje se minimice y a veces se quede en anécdota. Indudablemente estar en la red da visibilidad, pero no hay que perder de vista el fondo del mensaje. Queda mucho por delante hasta las elecciones y tanto exceso audiovisual puede llegar a cansar al más pintado. Vídeos sí, pero con moderación.

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