Muchos dirán que con la que está cayendo cómo es posible que haya gente pensando en la Navidad. Los negacionistas de estas fiestas que a mí me siguen pareciendo entrañables (todo un tópico, sí) deben entender que este año la Navidad es una meta. Para los hosteleros, por ejemplo, que quieren salvar en parte el desastroso año que están viviendo. Para quienes han enfermado y desean recuperarse por estar junto a los suyos. Para los niños, que tampoco lo han pasado nada bien y sueñan con regalos y dulces. Para colectivos solidarios como la Asociación de Reyes Magos, que trabaja para conseguir otra vez, pese a la crisis, que ningún niño se quede sin juguete. Para los comerciantes de siempre -los pocos que quedan- y sus castigados bolsillos. Todo esto envuelto en luces, siempre, para animar a la tropa y no convertir las calles en un espacio más triste de lo que es ahora. Porque necesitamos una esperanza. Todos.

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