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El pinsapar

Lo de la Cruz Roja

Las inhumaciones solitarias, la ausencia de casi todos en cada caso. Entre un lado de la raya y el otro hay una gente a la que abrazar, son los médicos, enfermeros, sanitarios en general

La residencia de la Cruz Roja forma parte de la estadística cruel de la pandemia del corona virus en nuestro país. Más de cuarenta residentes han sido contagiados y creo que han sido tres los fallecidos. Tengo muchas imágenes de la Residencia de la Cruz Roja porque yo contribuí, mínimamente pero sí, contribuí, a su construcción. Me lo pidió el Dr. Martín Almeida, alma mater del proyecto, por el que luchó denodadamente sin que la ciudad se lo haya agradecido poniendo su nombre a esta institución geriátrica. Sólo los grandes son generosos, justos y magnánimos; ruines y mendaces son los pequeños. Digo que pertenecí a la Junta de Gobierno de la Cruz Roja, que tenía el objetivo en el periscopio de toda su singladura. Se consiguió, fue un éxito, muchos ancianos, desde entonces, han tenido un lugar donde pasar los últimos tiempos de su vida, atendidos y cuidados. Mi madre por ejemplo. El tiempo de mi madre no fue un buen tiempo en la gestión de la Residencia, había un director que era objeto de todos los interrogantes, por decirlo de algún modo. Fue cesado. Quitando este episodio, no tengo palabras para agradecer el trabajo abnegado de las personas que cuidaban de los ancianos, que cuidaron a mi madre. Hay que verlo para creerlo, vivirlo para contarlo. Era un cuadro de tristezas los días allí, sobre todo la de los ancianos que no recibían visitas, porque no tenían familia o porque la familia que tenían no los visitaba asiduamente. Se les veía tristes mirando por ls ventanas, sentados en sus sillas de rueda en los jardines. Digo que tengo datos suficientes para imaginar lo que ha estado pasando el último mes en las residencias geriátricas de España, porque a la habitual tristeza le acompañó la muerte.

Sabemos ya, parcialmente, que el mayor número de defunciones se ha producido en estos establecimientos. Ubrique, Alcalá del Valle, Villamartín, San Fernando, Algeciras en la provincia… Rara es la ciudad en donde el covid19 no ha actuado criminalmente contra esta población en donde están nuestros amigos, nuestros familiares, nuestros mayores. Mi amiga Carmen está sufriendo porque tampoco puede ir a visitar a su madre, en una residencia de Madrid. El hermano de Alfonso no pudo llevarlo a su casa cuando el Gobierno dijo del verdadero peligro. Ha muerto, solo en esa residencia de Sevilla. Se irán conociendo miles de casos. El clamor va a llegar a todas partes, pero será disparar salvas. Todo estará consumado. Las inhumaciones solitarias, la ausencia de casi todos en cada caso. Entre un lado de la raya y el otro hay una gente a la que abrazar, son los médicos, enfermeros, sanitarios en general. Y las personas de las residencias geriátricas. Como las de la Cruz Roja. A la que nunca podremos agradecer su labor en estos tiempos de desolación. Están siendo gigantes.Dios se lo pague a todos, a todos.

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