Un grupo, se supone que muy representativo, de vecinos de San Fernando han pedido ("reclaman" dice la noticia) que el autobús municipal desvíe su recorrido, lo modifique o lo amplíe hasta tener una parada junto a un supermercado recién inaugurado en un polígono industrial, que está, como suele ser normal, bastante alejado de las rutas urbanas. Y la noticia no deja de sorprenderme, dejándome cada vez más la sensación de ser un náufrago en esta Isla: los vecinos sitúan un supermercado concreto a la altura de un centro de salud, una escuela o una administración pública a la hora de tener cubiertas sus necesidades de desplazamiento.

Me imagino al tendero o pequeño comerciante de esta ciudad, ya bastante machacado por la potencia imparable de las grandes firmas comerciales, preguntándose por qué ningún vecino ha pedido que el tranvía tenga un apeadero junto a su ultramarinos o mercería, o al mismo sorprendido supermercado que lleva varios años funcionando justo al lado del exitoso que acaban de abrir ahora sin que nadie pida una parada para ellos.

Y como soy así, me pregunto también ¿un autobús para desplazarse desde dónde y con qué necesidad, si esta cadena tiene ya varios establecimientos repartidos por el casco urbano que no cuentan con parada en su cercanía, si otras tantas compañías nos surten de todo con decenas de tiendas, si hay centenares de negocios en la ciudad? Anonadado ante esta constatación de la teoría que sostiene que la función crea el órgano, me espanto con la sola imagen de cientos, miles de personas sintiendo a la vez que es imprescindible para su vida un servicio público que les lleve hasta la puerta de un lugar que ofrece lo mismo que otros cientos de lugares.

Sí, esta Isla es muy peculiar, y lo mismo nos da por querer convertirnos en referente mundial de los monstruos de Halloween que por disputarle a otros puntos de la Bahía la capitalidad del comercio. No sé si será bueno o malo para nuestro futuro, lo que es indudable es que nos da material para el pensamiento. E incluso para la diversión.

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