El parqué
Pocos movimientos
Sí. Probablemente me habría gustado dejarme llevar, y decir que me disgusta hasta extremos el nuevo aspecto, plano y olvidadizo de lo tradicional, de la plaza del Rey, parece que ya definitivamente inaugurada a falta de los veladores para los establecimientos hosteleros. Pero no me sale. Ahora soy incapaz de enfadarme por el césped artificial ni por la sustitución de la sombra densa de los árboles por la muy matizada que proporcionan los grandes toldos. Ni por supuesto echo de menos la estatua ecuestre del general traidor con su gobierno legítimo.
Y todo eso porque, de pronto al pasar ante el nuevo espacio diáfano, me gustó lo que vi y me sentí acogido por el aire moderno y casi futurista, prometedor, de la plaza, como una promesa de cambio, algo que a ciertas edades se agradece siempre. Me sentí, ahora creo saberlo, gratificado por la imponente presencia del edificio consistorial, como un ‘aquí estoy yo’ proclamado a viva voz por el poder civil. Mucho mejor así, despojado de aditamentos festeros, al contrario que en el pasado Carnaval, cuando la plaza aparecía vestida con ropas infantiles.
Por eso tal vez me desazona el grandioso montaje para la Carrera Oficial de la Semana Santa, a pesar de su evidente (y no sé si necesaria) espectacularidad, e incluso de la belleza que tiene para sus partidarios. La fachada del Ayuntamiento aparece en estos días como el gran decorado tras las tribunas para una ceremonia religiosa, la más importante y popular de todas las que tienen lugar en el año en este pueblo.
Probablemente no sea así, pero desde mi cabeza de defensor a ultranza de la separación entre lo religioso y lo civil, esta ceremonia matrimonial tan ostentosa entre los dos poderes me resulta un tanto, tan solo un tanto, chirriante, sobre todo porque parece que es uno el que se pone al servicio del otro. Es como si algo indefinible y muy tenue empañara un día de sol radiante. Todo lo justifica el apoyo popular, inapelable y mayoritario, es verdad. Y seguramente así debe ser, pero a fin de cuentas este espacio en el periódico se me ha otorgado generosamente para que pueda lucir, de vez en cuando, una opinión, mucho o poco lejana de los pregones al uso.
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