evocaciones flamencas

Las dos vidas de Beni de Cádiz

  • En 1959, un grupo de artistas se reunió en el Gran Teatro Falla para rendir homenaje al cantaor gaditano, por entonces recluido en su casa por una grave enfermedad

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El viernes 4 de diciembre de 1959 los flamencos de Cádiz, Sevilla y Jerez se daban cita en el Gran Teatro Falla para ofrecer su arte a beneficio de un compañero de esta tierra, llamado Benito Rodríguez Rey, más conocido por el nombre artístico de Beni de Cádiz, al que un periódico de Madrid había dado por muerto, días atrás.

Pero el Beni, felizmente estaba aún vivo la tarde de aquel 4 de diciembre, cuando un grupo de amigos subimos a su casa de la calle Hércules, número 12, encabezados por los organizadores del espectáculo benéfico, Pastora Pavón 'Niña de los Peines', su marido Pepe Pinto y el maestro Antonio Mairena, primeras figuras del cartel del homenaje al joven cantaor gaditano del barrio del Mentidero que, a sus treinta años de edad y a causa de una grave enfermedad de columna, se encontraba completamente entubado, en el lecho del dolor. Juman recogería la imagen de aquella visita al piso de la calle Hércules 12, que nosotros hemos querido recuperar.

Así y todo, en la molesta postura en que se encontraba, Benito tuvo arrestos, apenas alguien le acercó un micrófono, para poder dar las gracias al público y a sus compañeros, y cantar un fandango que después se hizo escuchar en el teatro, recibiendo a cambio una gran ovación. "Personas que se han querío / y se encuentran por la calle", comenzaba el fandango que Beni tan espontáneamente había cantado en su cama, horas antes del festival.

El Falla no era aún el magnifico teatro que es hoy, después de las reformas que se llevarían a cabo mucho más adelante. Los camerinos y otros servicios dejaban mucho que desear. El abandono del local era extremo. La impresión que nosotros nos llevamos, al entrar por primera vez en el teatro, fue decepcionante. Pero los artistas se alojaron como pudieron y actuaron con la mayor ilusión.

Después del espectáculo, los artistas de fuera de Cádiz y sus acompañantes nos fuimos a la Venta de Vargas y allí cantaron Pastora, La Perla, María Vargas, Mairena y casi todos los demás; viviendo nosotros varias anécdotas, que algún otro día contaré, y donde me hice muy amigo del dueño de la venta, el inolvidable Juan Vargas; al que yo le di a conocer una letra de cante, recogida por Demófilo, el padre de los hermanos Machado, relacionada con su venta, y que él desconocía, gustándole mucho: "En la venta de Vargas / dan como tapa / suspiros de ventera / con albahaca."

Pasó el tiempo y Beni de Cádiz logró sanar y recuperarse por completo. Viejos amigos nos vimos muchas otras veces, en Cádiz, Jerez, Sevilla, Córdoba, Málaga, Rota y otros muchos lugares, pasando siempre muy buenos ratos en su grata compañía. Y cuando murió, en 1992, acudí con nuestro común amigo el pintor jerezano Paco Toro hasta la mismísima Caleta, cerca de la cual sus cenizas fueron esparcidas en el mar, arrojadas desde un barco. Así se cerraba la segunda y última vida de un gaditano irrepetible, único y genial, como cantaor y como persona; siempre con ganas de bromas, de chufla y de risa. Un cantaor que aunque viviera lejos de su tierra, llegando a morir en Sevilla, llevó siempre su Cádiz muy dentro de su corazón, sintiéndose muy gaditano.

Así me lo confesó varias veces. Para él no había nada en el mundo como Cádiz y con Cádiz moría. Sobre todo con los cantes del Mellizo y de Aurelio, a los que admiró siempre; como a su ídolo y referente máximo, Manolo Caracol, del que se pudo considerar el único y más legítimo sucesor. Claro está que el cante de Caracol también llevaba en sus orígenes la misma sangre que los cantes del Beni, el hombre que vivió dos veces la vida, y las dos con la misma intensidad, para el cante y para la gracia.

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