Cultura

El universo de los armisén

  • La artista zaragozana vuelve a su galería de referencia en Cádiz, Benot, con una nueva exhibición de su pintura fresca, amable e inmediata, más cerca a la pureza de los niños

Eva Armisen. Galería Benot. Cádiz.

Después de haber cubierto un amplio periplo en ese particular espacio expositivo temporal que se ha dispuesto en la Plaza de Abastos gaditana y de haber desarrollado ese expectante episodios de dulce ingenuidad que desentraña su obra, Eva Armisen, la pintora zaragozana, afincada en Barcelona, vuelve a la que es su galería de referencia; no en vano Fali Benot nos ha presentado su obra en varias ocasiones y la tiene como una de sus artistas de especial influencia.

En un universo artístico con demasiada seriedad, donde casi todo se rige por un exceso de intelectualismo y por unos compromisos conceptuales a los que se les rodea de suma trascendencia, encontrarnos con creaciones donde lo sencillo, lo ingenuo, lo festivo y hasta la representación de escenas felices con unos personajes, también, felices, hacen encontrarnos con una realidad distinta, mucho más feliz y no tan encorsetada y sujeta a esquivos planteamientos de complicados esquemas ilustrativos.

La obra que Fali Benot ha escogido para su periodo expositivo veraniego nos ofrece el habitual ideario estético de Eva Armisen, aquel que desarrolla una humanidad cercana, sin esquivos desenlaces, en la que la clara imagen de la misma es un poderoso rostro de mínimos gestos constitutivos y máxima estructura expresiva. Tal situación desentraña un momento existencial sin vértices esquivos, sin registros chirriantes, sin estrictos planteamientos vitales ni forzados asuntos; sólo una realidad sencilla, inmediata, generosa y de gran cotidianidad.

La obra de esta artista plantea una pintura amable, fresca y tremendamente inmediata; una pintura que exige una mirada cómplice, sin sobresaltos ni alteraciones, sin dialécticas ni episodios intelectualoides. Se trata de una pintura para ser gozada, sin buscarle interpretaciones vacías, sólo para el goce y disfrute de los sentidos; una pintura que exige miradas limpias, como la de los personajes que representa. Una pintura que surge espontánea, que manifiesta un atractivo universo digno de vivirse y de ser habitado por una sociedad más feliz que la que estamos condenados a vivir.

Sus obras nos plantean una humanidad simple, escueta en sus manifestaciones, más cercana a la pureza de los niños que a la injusta maldad de los mayores. Sus personajes están sacados de una iconografía de festivos episodios, allí donde ejerce su suprema potestad un mundo sin apenas alteraciones, mostrando lo genuinamente verdadero. Estos - los que ella misma llama "sus armisén" - manejan muchos recursos de la sociedad moderna, por lo menos de aquella que nos queda muy al lado, que nos ofrece entrañable tranquilidad por conocida, localizable y hasta fácilmente manejable.

La pintura de la artista aragonesa es apasionadamente relatora de una realidad comprometida con lo más cercano, con lo ingenuo de la existencia, con los tipos sencillos que la pueblan, con su objetos, sus sencillos ajuares y con todo aquello que la viven y la hacen poseedora de infinitos valores llenos de verdad y humanidad.

La exposición que nos encontramos en la galería gaditana se basa, casi al completo, en un conjunto de obra seriada, lo que la hace asequible al interés de casi todos. Obra gráfica que puede, incluso, acentuar el carácter popular de la pintura de una artista en la que sobresale su personalidad de artista, su indiscutible lenguaje personal e intransferible, que transcribe un universo único, poblado de humanidad y cercanía.

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