Arte

El rigor creativo de una racional pintura

  • El pintor sevillano Pepe Barragán muestra en La Caja China una exposición centrada en líneas, planos, curvas, intersecciones y límpidas interacciones de color

Una de las obras de Pepe Barragán. Una de las obras de Pepe Barragán.

Una de las obras de Pepe Barragán.

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El universo artístico en Sevilla pervive a pesar de Murillo – quién lo diría con todo lo que hemos tenido en este último año y tenemos, todavía, con esas múltiples exposiciones comisariadas por Pedro G. Romero que, desde mi modesto punto de vista, poco han aportado y sólo han costado muchísimo, pero que muchísimo, dinero–. En esta zona y, más aún, en la capital hispalense se es muy especial para con sus cosas y cuando se da por una determinada situación o por un personaje, se desorbitan las actuaciones y no se para en analizar detenidamente las circunstancias que puedan acarrear. Todo ello produce que se pierda el norte y sólo se vea por un mínimo resquicio que distorsiona por completo la realidad y se generan muchas otras situaciones poco edificantes, que sólo interesan a unos pocos. Claro que el bueno de don Bartolomé no tenía culpa de nada.

Olvidémonos, por tanto, de tanta cohetería y centrémonos en otros planteamientos menos desorbitados y con más sensatos argumentos.

Pepe Barragán ( Sevilla, 1956) es un artista de esos a los que podemos considerar de culto. Desde los años setenta viene siendo uno de los pintores sevillanos que mejor han planteado una obra seria, personal, culta y absolutamente distinta a la que se exigían en los trasnochados ambientes de una Sevilla demasiado mediatizada por la tradición.

Ha sido válida referencia para un arte que necesitaba de muy buenos proyectos para seguir avanzando y sacudirse los resabios de un tiempo que, muchos, se empeñaban en hacer eterno. Pepe Barragán acogió esos planteamientos con un callado entusiasmo y un lenguaje particular lleno de carácter y absoluta dimensión artística. En los últimos años ha compartido la pintura con la dirección de la galería La Caja China, donde ahora presenta su última exposición individual.

El espectador que entra en la galería de la calle General Castaños –en pleno barrio del Arenal– se encuentra con un muy serio canto al racionalismo geométrico. La exposición centra la mirada en líneas, planos, curvas, intersecciones y límpidas interacciones de color. Estructuras claras que plantean una pintura rigurosa, consciente, pensada y ejecutada con un estricto sentido de la medida y el ritmo formal. Pepe Barragán se sitúa en los parámetros de esa pintura que, llegada desde la primera esencialidad cubista, bebe las fuentes del plasticismo mondrianesco y de ciertos postulados cinéticos, se desarrolla por los justos y repetitivos esquemas modulares.

Una pintura rigurosa, racional, que puede parecer fría, pero que, sin embargo, patrocina un geometrismo equilibrado, tremendamente personal que nos hace transitar por una abstracción pura, llena de un medido relato formal, con los elementos estructurales yuxtaponiéndose hasta crear un entramado escénico que formula un espacio con los planos, las líneas y los módulos generando una interacción de entidades que, en ocasiones, se potencian visualmente con unos campos de color que acentúan la propia realidad geométrica y abren nuevas perspectivas.

La pintura de Pepe Barragán crea unos estamentos compositivos llenos de rigurosidad, de esencialidad, de mínimos que proporcionan máximas emociones; sus obras levantan la expectación por una plástica que apasiona, que crea inquietud, que suscribe una especie de íntima espiritualidad.

La obra que se presenta en la sala Caja China, cuidadosamente expuesta con todo el mejor sentido museográfico, nos lleva a una pintura medida, con justos ritmos de formas y colores, con acertados juegos cromáticos que se yuxtaponen a las líneas y planos, con las superficies rectangulares, cuadrados y hasta circulares componiendo jugosos entramados; también con las simetrías y las diagonales vibrando en ritmos equilibrados .

Muy buena exposición que muestra una muy buena pintura y que nos pone en el clasicismo de un pintor sabio y justo que ofrece un trabajo sutil y llena de experiencia. Mucho de lo que, hoy, se echa en falta.

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