"Hay algo mágico en escribir: el lenguaje tira de nuestra conciencia"
El poeta valenciano Carlos Marzal presentó ayer su último libro, 'Ánima Mía', en la Bilioteca Provincial. El autor, que leyó varios textos de su poemario, fue presentado por Felipe Benítez Reyes
"Carlos Marzal y yo tenemos un trato -bromeó, durante la presentación de Carlos Marzal, Felipe Benítez Reyes-. Cuando le toca a él presentarme, yo le escribo un texto que dice 'Felipe Benítez Reyes es el autor más brillante de su generación'..."
"Lamentablemente -prosiguió el escritor gaditano-, Marzal ha estado muy ocupado esta semana y no ha podido darme su texto. Y lo que yo tengo que decir sobre él es que entra en la categoría infrecuente de los poetas prodigiosos".
Carlos Marzal (Valencia, 1961) estuvo ayer en la Biblioteca Provincial -dentro de ciclo 'Ultimas noticias de la poesía', organizado por el CAL- para presentar su último poemario, Ánima mía (Tusquets). Marzal, Premio Nacional de Poesía en 2002 y Premio Loewe en 2003, fue alternando durante el acto reflexiones y poemas. La "poesía humana" del autor recoge textos surgidos de sus episodios de insomnio, dedicados a su hijo -"mediante extorsión familiar"-, a las delicadas casualidades de la amistad -Los almendros en flor- o al asombro constante al que mueve el mundo, "a pesar de todo lo que hemos hecho de él". Tal vez por ello para Marzal, la poesía es "a pesar de lo que digan los libros de texto, algo realmente útil".
Todos estos temas quedan recogidos en las páginas de Ánima mía, un título y una selección que surgieron a raíz de la fascinación que ejerce tal concepto sobre Marzal: "La idea del alma no sólo ha llamado la atención a teólogos, sino a poetas, pintores y músicos... -explica el valenciano-. De todo lo que he leído al respecto, como lector de filosofía y como escritor, me llama especialmente la atención el concepto que los presocráticos tenían del alma humana. Según ellos, el alma tenía naturaleza aérea, musical, y podía escaparse, por ejemplo en un estornudo. Por otro, estaba relacionada con la temperatura, el calor, el aliento. Y le concedían también una naturaleza vaga, inaprensible, capaz de abandonar el cuerpo en sueños... Y yo creo que esta triple definición es también una buena forma de definir la literatura y la poesía: es música, es calor y es capaz de vislumbrar, en la vigilia o el sueño, lo que los hombres son".
Destacó el autor la importancia de la inspiración en la producción poética, ya que "uno no escribe poesía cuando quiere, sino cuando la poesía quiere escribirle a uno": "En un artículo -añadió- uno se ve forzado a encontrar un punto en un tiempo récord. En una novela y un relato es de suponer que, tras cinco horas sentado, algo te habrá salido... Pero en un poema es distinto: tiene que haber algo que realmente te lleve a la idea de ese poema. Por eso nadie está seguro, cuando escribe un poemario, de poder volver a escribir otra vez otro".
"Por más meticuloso que uno sea, y por muchas notas que tome -prosigue Carlos Marzal-, al fina, escribir es la propia edición de la escritura. Uno termina abandonándose al escribir al propio ritmo de las palabras. Yo creo que hay algo mágico en el hecho de la creación literaria: el propio lenguaje termina tirando de nuestra conciencia".
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