tribuna

La llegada del fotograbado a Cádiz

  • Fue el Diario quien a finales del siglo XIX publicó en sus páginas las primeras imágenes creadas con la entonces moderna técnica

  • La agencias comenzaron a enviarlas con sus textos

El año 1894 fue de especial interés para el Diario de Cádiz, para el periodismo, para la industria editorial y para la cultura general de la ciudad, gracias a la llegada a Cádiz de los fotograbados.

Hasta aquel año los periódicos eran grandes pliegos de papel con interminables y sucesivos textos impresos, reservándose para la última página, la de los anuncios, la inclusión de grecas, adornos y algunas pequeñas imágenes que se repetían día tras días, bien en anuncios de productos comerciales o como imágenes genéricas para resaltar una sección de anuncios. Como poner la silueta de un barquito bajo la que se situaban todos los anuncios de las compañía navieras. Unas imágenes producidas por una plaquitas metálicas grabadas a buril (difíciles de elaborar, caras y solo rentables con múltiples impresiones) que el cajista situaba entre los textos para su impresión.

El día 24 de enero de 1894 se publicó por primera vez en Diario de Cádiz una sección titulada Colaboración Inédita que incluía un breve texto literario titulado Confeso y contrito, firmado por José Zahonero, que se complementaba con cinco imágenes en las que se representaban escenas y situaciones descritas en el texto.

Al pie de aquella nueva sección literaria se aportaban informaciones claves para entender como había sucedido aquel salto adelante en la cultura de la imagen: "dibujos de Cilla. Fotograbados de Laporta". Efectivamente no era, no podía ser, que en el propio Diario o en la ciudad de Cádiz se tuviese la técnica que había hecho posible aquel acontecimiento. Lo que había sucedido era que la empresa del Diario había contratado los servicios de la agencia madrileña Almodóvar que, desde 1891, distribuía a los periódicos que se abonasen artículos y textos literarios elaborados por sus redactores o por escritores colaboradores (entre los que estaban, además de Zahonero, otros tan prestigiosos como Leopoldo Alas 'Clarín', Salvador Rueda o Emilia Pardo Bazán). Viniendo los textos de estas Colaboraciones Inéditas generalmente ilustrados por los magníficos dibujos de Francisco Ramón Cilla o Eduardo Sáenz Hermua, 'Mecachis'. Unos dibujos que en los talleres madrileños de los hermanos Francisco y Enrique Laporta, eran técnicamente reconvertidos en fotograbados ('clichés' metálicos, de zinc, con la reproducción fotográfica de los dibujos) que el maquetador de la página del periódico situaba en el lugar adecuado para su impresión. Todo lo cual aclara que eran textos 'inéditos' pero no exclusivos para el Diario de Cádiz, ya que en fechas próximas se publicaban en otros periódicos españoles, entre ellos El Guadalete, de Jerez.

Así pues, la entrada de la técnica del fotograbado en la prensa de Cádiz no fue, en principio, para imprimir fotos que ilustraran noticias de actualidad, sino dibujos para ilustrar breves textos literarios. Repitiéndose esta circunstancia cuando tres días después, el 27 de enero de 1894, en el Diario se publicó la primera entrega de otra nueva sección titulada Modas Ilustradas, cuyos textos, firmados con el seudónimo 'Upina', también se acompañaban con dibujos de maniquíes impresos con fotograbados. Clichés de zinc enviados junto a los textos por la agencia.

Con estas dos secciones y sus fotograbados entró en las páginas del Diario una cierta 'alegría iconográfica', ampliando la fuerza comunicativa de los textos literarios, en el primer caso, y mejorando la comunicación descriptiva de vestidos y complementos femeninos, en el segundo. Además, si antes mencionamos que estas imágenes no tenían actualidad, ahora precisamos que la agencia procuraba mandar textos y clichés que sintonizaran con las estaciones meteorológicas, las fiestas civiles o las celebraciones religiosas: Las alondras piadosas en marzo, Cuento del Corpus en mayo, etc. Lo mismo que sucedía, con más razón aún, con las Modas Ilustradas, siendo evidente desde que la primera entrega, publicada a finales de enero, estuvo dedicada a los trajes para el carnaval.

Aquel mismo año, 1894, una publicación impresa por la Tipografía Gaditana, el Manual para el viajero en Cádiz, de Eloy Sánchez del Arco, incluyó cuarenta y dos fotograbados de vistas, monumentos, imágenes y procesiones de Cádiz elaborados por los talleres madrileños de Laporta.

Las dos secciones ilustradas del Diario que hemos comentado se estuvieron publicando, casi semanalmente, hasta finales de 1897, aunque en ocasiones las Colaboraciones Inéditas, por el tipo de contrato con la agencia, no siempre venían con ilustraciones.

Durante este tiempo, en Cádiz, en el estudio fotográfico del Rafael Rocafull y Monfort (que en enero de 1894 se había trasladado del número 24 al 27 de la calle Ancha), donde también trabajaban sus dos hijos y sus tres hijas, ya se conocía y practicaba la técnica del fotograbado, teniéndose de ello la primera información cuando el Diario de Cádiz del 25 de septiembre de 1895 publicó por primera vez el fotograbado no de un dibujo sino de una foto: la del mosaico romano descubierto en el olivar del Santiscal, en el término de Arcos, que había sido depositado en el Museo Arqueológico de Cádiz. Imagen, de escasa calidad técnica, bajo la que podía leerse: "El anterior fotograbado es debido a la mucha amabilidad del ilustrado D. Emilio Rocafull Díaz". Pero la publicación de este fotograbado no fue más que un caso aislado y hubo que esperar al 20 de septiembre de 1897 para ver en el Diario otro fotograbado elaborado en Cádiz, con el siguiente pie: "Recuerdo de la Exposición Libre de Bellas Artes que terminó ayer, que nos ha sido facilitada por D. Emilio Rocafull y que pertenece a una colección de vistas de la localidad que está preparando dicho señor. Hasta ahora para obtener buenos fotograbados había que dirigirse a Madrid o Barcelona. Hoy tenemos en Cádiz excelentes y de ello es gallarda muestra el que hoy publicamos, aún a pesar de las desfavorables condiciones del papel y tiradas inherentes a un periódico diario, que algo desluce el efecto e intensidad de los fotograbados".

Efectivamente, una cosa eran los nítidos fotograbados en las publicaciones y otra, muy distinta, los fotograbados en los periódicos. En 1899 Emilio Rocafull Díaz dirigía un taller de fotografía y fotograbados en Barcelona y en 1901 su hermano mayor, Rafael, montaba en Madrid la Sociedad de Fotograbados R. Rocafull. En Cádiz, en 1902, se abrieron los talleres de fotograbados de Remorino y Matute, en la calle Adolfo de Castro, número 5, el que llevaban las tres hermanas Rocafull, en la calle Rosario, número 25 (ambos de efímera existencia), y el del grabador Antonio Gómez Cano, en la calle San José, número, 15. A estos le siguieron otros, marcando un hito de calidad el taller que en 1912 abrieron el artista Felipe Abarzuza y el ingeniero José Sánchez Ruiz, con personal técnico venido de Madrid, en el chalet del Olivillo donde vivía el artista.

En el Diario de Cádiz, con algunas excepciones (las de los retratos de los artistas que venían a actuar a Cádiz y que traían su propios clichés para la prensa, y la de los dibujos publicitarios) los fotograbados ilustrando las noticias no fueron habituales hasta finales de 1926, El 1927 el Diario ya incluía cotidianamente los fotograbados de las fotos obtenidas por los mejores fotógrafos locales: Reymundo, Iglesias, Leonardo o Movellán.

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