Cultura

El imperecedero arte de la fotografía

  • Manolo Torre nos sitúa ante una fotografía que alcanza cotas de máximos estéticos y plásticos, a través de unas imágenes que posibilitan inesperados encuentros con la femineidad

El nombre de Manolo Torre está ligado a la fotografía de Cádiz desde hace mucho tiempo. Es, por tanto, un fotógrafo fotógrafo; alejado de tanto advenedizo como hoy encontramos que se creen sumos sacerdotes de un credo y una liturgia con los que no comulgan ni saben cuáles son sus principales mandamientos. Además, no hay nada más que echar un rápido vistazo a la exposición que ocupa el espacio central del Palacio de la Diputación Provincial para que casi todos nos demos cuenta del amplio dominio fotográfico que anima el trabajo de este artista, para ver lo acertado de su formulación técnica y para contemplar la seriedad de un planteamiento estético que hace pensar en un autor importante de la fotografía, esa que no tiene tiempo ni edad ni, mucho menos, complejo alguno.

La exposición, corta para lo que supone Manolo Torre en el contexto general de la fotografía gaditana, pero muy acertada en cuanto a la realidad monográfica que plantea, nos presenta una amplia galería de retratos protagonizados por una gran variedad de imágenes femeninas, todas viradas en sepia, algo que logra potenciar la expresión de la propia imagen y conceder una dimensión de absoluta atemporalidad a todo el conjunto que muestra, de forma considerable y manifiesta, una gran unidad compositiva y un desarrollo plástico uniforme, sin altibajos; todo ello producto de una calidad fotográfica fuera de toda duda.

Aunque en el conjunto de la obra el espectador puede apreciar una gran sensualidad, los retratos plantean, sin embargo, infinitas actitudes en la representación de las modelos; así encontramos retratos de mujeres que posan desinhibidas, serias, felices, nostálgicas, pausadas, ensimismadas, picaronas y, sobre todo, tremendamente atractivas, de un atractivo especial que traspasa lo meramente físico para alcanzar otros estados donde reina lo emotivo, lo sensorial y, también, una atípica espiritualidad que rompe cualquier esquema que guarde lo simplemente superficial.

Manolo Torre nos sitúa ante una fotografía que alcanza cotas de máximos estéticos y plásticos, a través de las sugerencias de unas imágenes que posibilitan inesperados encuentros con una femineidad que deja entrever todos sus límites ilustrativos, los de mayor exuberancia representativa, con insinuante e inquietante notas de erotismo velado y explícito, los más cautos y de rigurosa moralidad, así como aquellos de patrocinan otras argumentaciones donde la expresividad marca pautas de acusada personalidad.

Acertada la exposición de este fotógrafo, historia viva de esta tendencia en la ciudad de Cádiz y que deja constancia de una realidad artística que él hace imperecedera, con todas las manifestaciones de un arte grande, al que muchos acudieron pero no todos supieron estar a la altura.

Palacio de la Diputación Cádiz

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