Alcances 50 aniversario El festival que empezó no existiendo

  • El encuentro 'alcancista' en la inauguración, la mesa redonda de esta semana en la UNED, los libros de Javier Miranda y Elena Quirós, la hemeroteca del Diario... La historia de Alcances

Una imagen de 'Dersu Uzala', de Akira Kurosawa. Una imagen de 'Dersu Uzala', de Akira Kurosawa.

Una imagen de 'Dersu Uzala', de Akira Kurosawa.

Dicen que Alcances es un festival con mucha mitología, y digo yo, qué se puede esperar de una cita que celebra los 50 años de algo que nunca ocurrió. Legendario desde su cuna, polémico desde el primer aliento, si Alcances fuera un evento al uso, si Cádiz fuera una ciudad al uso, tocaría el año que viene, y no éste, darnos la enhorabuena por medio siglo de resistencia cultural, de cine combativo, de reguindarse en las redondeces de una caracola para atisbar, desde el ojo del Ché, una visión de futuro y libertad. Pero Cádiz no es una ciudad cualquiera, y tampoco lo es su festival.

A estas alturas de la película no les descubro nada si les digo que en agosto de 1968 la Semana Cultural proyectada por Fernando Quiñones con la ayuda de Serafín Gutiérrez y Angelines Sanz para su ciudad no llegó a celebrarse porque, según deja escrito el propio Quiñones y rememora Angelines, la película cubana Hanoi, martes 13 "dio al traste" con todo el proyecto, con lo que hubo que esperar al año siguiente, a julio de 1969, para cumplir con esa sacudida a la polvorienta escena cultural gaditana del tiempo, pues no era otro el deseo de su creador.

Este viernes, en una emotiva carta entregada a la organización, Angelines Sanz, única superviviente del trío fundador, recordaba como Quiñones irrumpía durante los veranos en la casa familiar de la calle Rosario Cepeda. Él vivía en el primer piso, ella y su marido en el cuarto, "y un día nos vino a pedir subir a nuestra casa para poder escribir tranquilamente". Allí, en el corazón del centro de su amado Cádiz, fue donde "surgieron las charlas e intercambios sobre cómo y qué hacer para poner en marcha la semana cultural". Allí, aquí, en este sur del sur olvidado por la suerte, bendecido por la naturaleza, Fernando, "espíritu inquieto donde los haya", "con sus contactos de gente importante desde Madrid", contagió a Angelines y Serafín "desde el primer momento" para crear la Semana Cultural Alcances 68.

Cine, pintura, música, poner en su lugar el flamenco, cómo no, el flamenco querido del alma, todo lo que le faltaba a Cádiz lo traía Quiñones de la Filmoteca Nacional, de las embajadas de diferentes países, o de sus influyentes amigos en un coche sin aire acondicionado desde su casa de Madrid o salía desde la sede central en Rosario Cepeda, con esas innumerables "idas y venidas al Gobierno Civil", Angelines dixit, que les daría el disgusto final...

Javier Miranda, actual director del festival, no puede sino tildar de "pionero" y "visionario de la gestión cultural" al autor de La canción del pirata que se inventó un logotipo (la caracola) y un nombre de marca (Alcances) para su festival en un momento donde las citas de estas características carecían de lo uno y de lo otro. En esto también coincide Elena Quirós, autora de En el curso del tiempo. 30 años de Alcances, que además recuerda en su obra los rompedores diseños de las páginas dedicadas a Alcances que Quiñones creó en este periódico para hablar a los gaditanos de Alcances.

Y con qué ternura leemos ahora en el tomo de 1968 de la hemeroteca de esta casa la entrevista que se hizo el 16 de agosto a Fernando Quiñones por la inminente celebración (comenzaba el 19 del mismo mes) de "la I gran Semana Cultural de Arte Nuevo Alcances 68" donde su creador, que agradecía la implicación de la directiva de Universitas (Serafín y Angelines), adelantaba algunos de los contenidos de la muestra, como "el primer premio de cine Atlántico" y aseguraba que "todos los permisos están en orden" para su celebración. Y lo estaban. Aunque apenas media hora antes del comienzo de los actos en el colegio de Médicos de la calle Benjumeda, Alcances se suspendió.

"En los años sesenta el país, también Cádiz, había experimentado cierto crecimiento económico pero éste no estuvo acompañado en nuestra ciudad de un crecimiento cultural, y la población necesitaba esa cultura que las autoridades no estaban todavía dispuestas a darles". Quizás esta reflexión que lanza Elena Quirós en la mesa del 50 aniversario de Alcances que se celebró este viernes en la UNED -y donde también participaron Miranda, el escritor Luis García Gil, Manuel Barea y con Enrique del Álamo y Mariela Quiñones entre el público- pueda explicar la reacción de muchos gaditanos cuando la primera edición de la Semana Cultural de Arte Nuevo Alcances 68 fue suspendida.

"Recuerdo que había mucha gente esperándome y vi a Serafín y a Fernando hablando con toda la gente...", se acuerda Angelines, que fue a quien le tocó hablar con el delegado de Información y Turismo tras la llamada de la prohibición total. "Si no llego a impedir la manifestación que estuvo a punto de guisarse a seguido en la calle Ancha, Alcances no existiría", prometía Quiñones.

"Desde el primer momento, Cádiz sintió a Alcances, ese festival que vino a sacarle de la postración cultural, como suyo", acierta García Gil al que siempre le ha "fascinado" la historia grandes y las historias pequeñitas de esos primeros festivales.

Porque el 68 no saludó a Alcances pero sí el 69, y hasta hoy, una vida cosida con realidad y leyenda, los hilos con los que están hechas las cosas que perduran.

Marina Bermúdez, otra de las colaboradoras desde los primeros tiempos, transformando una tela roja en la bandera de la URSS para la que fue la primera muestra de cine soviético que se vio en España. Alcances lo hizo posible. Las llamadas a horas intempestivas en la casa de Madrid y el revuelo y el "caos enorme" que recuerda Mariela Quiñones a la que mandaban para Aranjuez con unos amigos "y a mi hermano Mauro para Italia". La Mandrágora liándola en el Beato Diego, las trampucherías para dar coba a los censores, las traducciones (o actos de fe) simultáneas de las películas en versión original; la gente de los Cineclubs entusiasmadas, los discofórums, Saura, Távora, Juan Farina, Alberti, obras de Tapies, sesiones nocturnas, descubrimiento, conversaciones...

El ángel exterminador fue la primera película que se proyectó en Alcances, ya en el 69. Y como en la película de Buñuel, quien entró en esta locura de Quiñones ya no salió.

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