Concierto en el Falla con Chano Domínguez Martirio: "No nos hemos vendido nunca"

  • La intérprete onubense y el pianista gaditano Chano Domínguez rinden tributo este domingo 7 de marzo en el Falla ‘A Bola de Nieve’, con un concierto que ha sido aplazados hasta en dos ocasiones

La cantante Martirio

La cantante Martirio

–La emergencia sanitaria provocó que este concierto se aplazara dos veces. Parece que a la tercera va la vencida, ¿no?

–Desde el principio teníamos una ilusión muy grande con ir al Falla porque es uno de los teatros como más solera del mundo. El Falla es un teatro que me pone muy nerviosa, porque le tengo un respeto grandísimo pero, a la vez, en cuanto piso las tablas, me entra una energía de la cantidad de arte que ese teatro ha propiciado. Para mí es muy importante el Falla, y tocar allí con Chano (Domínguez), que es un estandarte de la música de Cádiz, de la forma de ser de Cádiz y de la luz de Cádiz, es muy emocionante. Yo siempre le digo que parece que tiene la luz de Cádiz en el piano porque en cuanto toca ya se ve de dónde es, lo tiene completamente intrínseco, parece que estás viendo La Caleta cuando lo escuchas tocar. Es muy emocionante estar en su tierra que, en parte, considero mía porque he vivido en Conil, porque he estado muchísimas veces en Cádiz, porque adoro su flamenco, sus carnavales, su forma de ser... Así que estoy loca por estar allí en ese concierto de sobremesa

–¿Son horitas de bolero filin?

–Una hora muy poco gitana, ¿no? (ríe), pero sí son horitas de bolero filin porque la música de Bola es una barbaridad. Al estar la gente más separada y con mascarilla van a apreciar mejor las canciones íntimas, porque con las mascarillas parecen que nos han puesto cascos para escuchar. Se interioriza más lo que se está escuchando. Yo creo que después de comer, tranquilitos, sin dormirse (ríe) puede ser una especie de sobremesa exquisita.

–¿Cómo se canta a Bola, desde las tripas, desde el corazón o desde la cabeza?

–Yo creo que entre el corazón y las tripas está la cosa, pero también hay que poner el alma, intentar no copiarlo y transmitir lo que nos ha transmitido a Chano y a mí. Eso sí, te tienes que dejar el pellejo porque con Bola hay que cantar de verdad. A mí me ha enseñado muchísimo a cantar sin aderezos, lo más desnuda posible, a no tener que hacer alardes, piruetas, para decir qué bien canto sino todo lo contrario, meterte para dentro y con la ternura y con el dolor si hace falta, pero con mucho pudor y con mucha profundidad.

–Bola cantaba y tocaba el piano, ¿ha sido complicado emular eso?

–La idea es justo esa, funcionar como una sola persona y, afortunadamente, Chano y yo tenemos mucha complicidad porque nos queremos mucho y nos admiramos mucho, y eso es muy importante. Él está pendiente de mi respiración, de mis impresiones, y va conmigo como si yo estuviera tocando o él cantando. También ha sido un reto porque significa dar a conocer a Bola de Nieve a mucha gente y manejamos un repertorio tan bonito con ese sello que tenía él con el que se distingue. Fíjate decía Edith Piaf que la versión de La vie en rose que más le gustaba era la de él. Son canciones de morirte de filin, de jazzísticas, pero también son muy fáciles de llevar al compás flamenco. Yo lo llamo flamenco filin.

–Hablaba de esa complicidad con Chano. El año que viene serán 25 años de aquella primera colaboración, 'Coplas de madrugá'. Fue un disco importante para el género de la copla, ¿no?

–Sí, de hecho creo que vamos a hacer una recreación con un quinteto jazzístico bueno y darle una vuelta a eso porque es de las cosas más hermosas que yo he hecho en mi vida. Yo creo que es un disco que abrió muchas puertas y donde se vieron las muchas posibilidades de unir las inflexiones y armonías jazzísticas con la copla. Sí, creo que marcó una época y un sendero que después la gente ha podido transitar con mucha fluidez.

–En el plano artístico, ¿cuál es el denominador común entre usted y Chano Domínguez?

–Son varias cosas, primero, que Cádiz y Huelva están muy cerca y los dos nos hemos tenido que ir fuera para trabajar y los dos llevamos nuestras tierras por todos lados, así que cuando nos vemos tenemos esa iluminación de nuestra tierra, de nuestros recuerdos, de esas cosas que son muy parecidas, del sentido del humor, nos reímos un montón. Y nos conocemos desde el 82 o el 83 que nos presentó Kiko Veneno, y nos tenemos mucha admiración. Para mí Chano es el mejor pianista flamenco jazz que hay en el mundo, te lo digo así, y él pues también tiene su cosita conmigo. Además, creo que es importante que no nos hemos vendido nunca y hemos hecho siempre lo que nos ha dictado el corazón y la intuición. No hemos ido buscando la moda y el éxito sino hacer un trabajo coherente, con consistencia y nunca hemos ido a lo fácil y nos encanta a los dos la música popular.

–Con todo lo que hemos pasado, y estamos pasando, subirse hoy a un escenario, ¿es diferente para el artista?, ¿hay otra emoción?

–Es una emoción diferente porque al público no le ve la cara, aunque el boomerang del sentimiento vuelve a ti. Pero es distinto porque hay menos gente y la gente está más concentrada, con lo cual el boomerang de energía se da muy fuerte. Y nosotros, entre las ganas que tenemos de subir al escenario a cantar, que es nuestro trabajo y nuestra pasión, y la necesidad que hay, porque es que tantísimo tiempo sin trabajar no hay economía que la sustente, pues subimos muy emocionados. El mundo de la música lo está pasando muy mal.

–¿Y se ha ido enmendado el panorama de conciertos o todavía no?

–Todavía no, queda mucho y ojalá vengan todas las vacunas pronto y tengamos un poco más de libertad y de naturalidad. Se ha perdido mucha naturalidad y contacto, y el contacto es fundamental para los quereles. El poder comer juntos, el poder echar un rato después, eso de después de tocar irte a cenar, eso se ha perdido, ahora te tienes que comer el bocadillo en la habitación. Pero ahí estamos, ahí seguiremos, y peleando para intentar dar belleza y poner los corazones más libres cada día.

–¿Cómo valora las iniciativas tipo escenarios virtuales, los conciertos de pago en plataformas?

–Desde luego, los conciertos hay que cobrarlos porque los músicos tienen que comer y si el pan me cuesta a mí el dinero, la canción también lo tiene que costar. Esta una profesión que ya es de por sí una incertidumbre muy grande a nivel económico y eso a veces no te deja tranquilo para poder crear y hacer cosas bonitas. Las plataformas hay que pagarlas. Yo no he hecho ninguno, ni gratis, ni cobrando, ni siquiera los streaming porque me dan un poco de susto, no sé manejarme bien. Y al principio, en el confinamiento, pues estaba bien hacerlo porque ayudaba a que la gente se sintiera mejor, fue un acto de generosidad muy grande, pero lo que no puede ser es que la gente se acostumbre a que nuestros trabajos sean gratis porque si no es imposible tirar para adelante.

–¿Cuál ha sido para usted la gran lección aprendida del confinamiento?

–Bueno, quizás la mejor es que sé estar sola, que soy capaz de pasármelo bien sola. En un periodo donde estás casi abocado a tenerte que estudiar y tener que profundizar en ti mismo, psicológicamente te prueba mucho y si sales adelante sin decaerte y sin tirar la toalla, desde luego, sales mucho más fuerte. Pero, sobre todo, yo he salido con ganas de abrazar, tengo unas ganas de coger a todo el mundo abrazarlo y quererlo... Pero, bueno, gracias a dios en la pandemia hemos tenido internet y eso nos ha salvado mucho. Así que esperemos que pase pronto, que salgamos mucho más profundos y queriendo mucho más a los demás, a la Tierra, siendo más solidarios, sabiendo que sólo somos un granito de arena más.

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