Jesús Ruiz de Gordejuela | Historiador y escritor “El concepto de patria no es el mismo que hace dos siglos”

  • El autor vasco construye en ‘Semper Fidelis’ una novela histórica que combina ficción y realidad, con Cádiz en un papel protagonista

Jesús Ruiz de Gordejuela.

Jesús Ruiz de Gordejuela.

–¿Qué ha pretendido con ‘Semper Fidelis’, que firma con el seudónimo de J. Gorde? ¿Qué quiere transmitir al lector?

–Después de muchos años de investigación histórica y docencia me propuse el reto de escribir por primera vez ficción. El ejercicio del oficio de historiador exige ser muy poco dado a aportar elementos literarios y de hecho es un motivo de recelo entre los colegas más ortodoxos, por lo que en cierta manera ha supuesto una pequeña liberación del encorsetamiento académico. Pero no por ello desistí del rigor histórico por lo que el lector encontrará un relato fiel a la historia en la que se combinan personajes reales con ficticios dentro de un relato en el que he pretendido conjugar la novela histórica con la literatura de aventuras, guerra, espionaje y vida cotidiana en un periodo tan crítico para la supervivencia de España como nación y en una ciudad tan emblemática como Cádiz.

Ante todo pretendo que el lector pase un buen rato, que disfrute de la apasionante trama, de los personajes y de todo lo que les acontece, tal y como lo hacíamos cuando éramos más jóvenes y leíamos a autores tan importantes como Verne, Dumas, Melville o Stevenson entre otros muchos que nos hacían soñar con aventuras increíbles y nos regalaban personajes extraordinarios. Asimismo ha sido mi intención mostrar la mentalidad, costumbres, valores y modos de relación propios de la sociedad de aquella época. Como verán el protagonista irá evolucionando de niño en su pequeño pueblo hasta convertirse en un joven oficial que tendrá que sufrir las penalidades de la guerra de independencia y ser testigo de los nuevos tiempos y del nacimiento de la Constitución de 1812.

–¿Podemos decir que es una novela de valor, de honor; no sé si de valores que considera perdidos o que deben recuperarse?

–Aunque no siempre lo admitamos toda obra pretende en el fondo que la ética y moral del protagonista o protagonistas tenga un poder de seducción en el lector, pero hay que tener claro que el modo de actuar y de socializarse en esa época no era la misma que la de hoy día, ni mejor ni peor, eso sí diferente. A modo de ejemplo, el honor era de vital importancia, porque la deshonra no solo afectaba al individuo sino a toda la familia e incluso podría perjudicar hasta su pueblo natal. Nuestro protagonista es un hombre honrado, fiel y valiente que es capaz de sacrificar su vida por el bien común y creo que esos valores son o debieran ser imperecederos.

–La época escogida es, desde luego, convulsa en España. El concepto de patria se enfrenta a una invasión extranjera...

–Como estudioso de la historia de España y de sus posesiones en América puedo decir que estamos ante uno de los periodos más decisivos y críticos de España. No solo se rompe con el orden del Antiguo Régimen sino que gracias a la influencia, entre otros pensamientos políticos, de la Ilustración, va a permitir la llegada de una nueva manera de ver el mundo y su relación con los hombres y mujeres. Es el pensamiento liberal, que nace en las cortes constituyentes de Cádiz y en su trascendental constitución que va a marcar una nueva era, la edad contemporánea y por supuesto nuestro personaje será testigo y actor.Es interesante resaltar el hecho de que el concepto de patria no es el mismo a lo largo de estos dos siglos. En la época que transcurren los hechos, es decir en lo que podríamos llamar protoliberalismo, la patria no solo era el lugar en donde nacía el individuo sino que también en donde sus derechos y libertades eran reconocidos. De hecho es un término que toma importancia en esos momentos.

–Poco después de los hechos contados en la novela, España empezó a perder sus colonias, su poder mundial, su imperio... Se puso en duda la monarquía, los borbones. Se habla en la novela de Trafalgar, de la derrota naval tan dura a finales del XVIII. ¿Hasta qué punto todo aquello influyó en la decadencia española del XIX?

–No cabe duda de que la política de la metrópoli con las posesiones de ultramar ya vislumbraba un futuro incierto para el imperio español, y de poco sirvieron las reformas borbónicas de finales del siglo XVIII porque la suerte ya estaba echada. Una nación al borde de la ruina, incapaz de hacerse cargo de los mínimos gastos sufrió ‘el tiro de gracia’ con el desastre de la batalla de Trafalgar en donde se perdió la mayor parte de la flota de guerra y lo más granado de la Armada. Sin dinero y sin barcos era muy difícil solventar la situación. A todo ello se le sumó el interés del resto de potencias mundiales por hacerse con las ricas posesiones españolas en América o en su defecto capitalizar su comercio. Y si a todas estas desgracias le sumamos la traición de Carlos IV y Fernando VII, fue casi un milagro que España sobreviviera como nación independiente.

–Cádiz aparece en la novela, como corresponde a la época en que transcurre, como destino final del protagonista: por qué se decide por esta ciudad.

–Una de las áreas de especialización con las que he trabajado largos años ha sido la presencia vasconavarra en América en este periodo del que estamos hablando y Cádiz es, sin lugar a dudas, el destino prioritario de los norteños (al que incluyo también como no podría ser de otro modo a los cántabros) tanto si intentaban embarcarse rumbo a allende de los mares como si permanecían en la ciudad como empleados del comercio, funcionarios civiles o militares. Unos años después tuve la suerte de acceder al archivo particular de un comerciante gaditano, el vizcaíno Francisco de Carranza, y que gracias a su voluminosa correspondencia pude conocer mejor esta ciudad, sus negocios y su vida cotidiana durante los años de asedio francés. Esta documentación me permitió ser testigo de cientos de cartas personales en las que se me mostraban sus miedos, anhelos y esperanzas en una vida con un futuro tan incierto. De hecho varios de mis últimos artículos en revistas internacionales versan sobre el comercio gaditano con América y la importancia de esta plaza comercial. No se puede hablar de la presencia norteña en América sin conocer su presencia en Cádiz. Cualquier persona que visite esta maravillosa ciudad puede comprobar su presencia en calles y plazas además de los muchos descendientes que llevan con orgullo apellidos de estas tierras del otro lado de la península.

–¿Cómo ha sido el proceso de documentación: tanto de Cádiz como de la época?

–Como le comentaba anteriormente, para ser americanista hay que conocer la importancia y transcendencia de Cádiz como puerta con América y saber que este puerto fue durante casi siglo y medio la principal plaza de comercio ultramarino. A esto hay que sumar la información que he podido estudiar en los miles de documentos del archivo Francisco Carranza. Como gesto a este vascogaditano, uno de los personajes principales lleva su nombre.

–Una última cuestión: ha elegido la primera persona para narrar la historia. ¿Qué pretendía con ello?

–Aunque es verdad que una escritura en tercera persona me hubiera ofrecido más posibilidades narrativas al poder presentar situaciones o episodios históricos con mayor profusión, finalmente opté por que nuestro protagonista hablara en primera persona e hiciera cómplice de la trama a los lectores como si fueran parte de la novela. Asimismo he procurado ser escrupuloso con la terminología de su tiempo, aunque como es lógico, de un modo actual.

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