"El carácter norteamericano y el español se conjugan muy bien"
La escritora Elvira Lindo participó ayer en las jornadas 'La novela y la ciudad'. La autora habló de la "relación sentimental" que mantiene con Nueva York, lugar en el que reside desde 2004
Elvira Lindo confiesa mantener con Nueva York "una relación sentimental". Comenzó a visitarla con frecuencia a partir de 1990. Fue allí donde conoció a su marido, Antonio Muñoz Molina, y allí viven desde 2004, cuando el escritor fue nombrado director de la sede neoyorquina del Instituto Cervantes.
"Los primeros años -comenta Lindo- fueron decepcionantes. Aunque hayas visitado mucho un lugar, nunca te enteras de cómo es hasta que vives en él. Descubres que hay una serie de cosas sutiles que están por debajo, y que realmente hacen a las relaciones humanas, y que tú no codificas".
La escritora visitó ayer la UCA para hablar de su visión de esta ciudad en las jornadas La novela y la ciudad, que celebran el XX aniversario del Programa de Verano de la Universidad de Villanova y la de Cádiz. Al sentimiento de extrañeza que provoca aterrizar en un planeta ajeno, la escritora une el hecho "infrecuente entre nosotros" de convertirse en alguien que vive en otro país: "Los españoles viajamos mucho pero no solemos decidirnos a vivir fuera -comenta-. Si lo haces, te miran raro como diciendo, '¿tú qué quieres demostrar?'. Pero claro: entendemos perfectamente que un inglés, por ejemplo, lo deje todo para venirse aquí".
Lindo habla de los bautismos de perplejidad que le tocó vivir en su inmersión americana. "Aprendes, por ejemplo, que allí te miran sin mirarte. O de lo común que es hablar y cantar solo por la calle por que no están pendientes de los demás -indica-. Hay escenas impagables, que parecían decirme: 'Sácanos, sácanos. Habla de nosotros'. Recuerdo a un negro moviéndose exactamente igual que Stevie Wonder ante una fila de humidificadores en funcionamiento. O a una dependienta con unas uñas larguísimas y retorcidas, pintadas de verde... Y yo de verdad creo que ellos ya no ven esas cosas, de lo acostumbrados que están".
"Por supuesto, es más fácil escribir todas estas experiencias para prensa, a modo de crónica, que hacerlas pasar a ficción -continúa la autora-. A medida que pasa el tiempo y entiendo la ciudad, los artículos se van haciendo más serios".
"Una de las cosas que más me asustan -comenta Lindo, justificando este cambio de registro-, es cuando alguien te coge del brazo y te dice 'No cambies nunca', y tú te dices, Pero... ¡si ya estoy cambiando!". En Estados Unidos, la escritora encontró, además, una diferente pulsión narrativa: "Allí casi todas las artes son realistas mientras que aquí tomar la realidad tal cual parece remitir a la novela social. Sentí que ahí había gente que escribía como a mí me gustaría hacerlo".
"Un día -cuenta Lindo- empecé a hablar con un hombre que paseaba a su perro, y me dijo que él también había tenido un yorkshire, como yo, al que mató otro perro. Me soltó que había terminado liquidando al perro asesino. Y si lo piensas, en las historias estadounidenses lees muchas veces cosas así..."
Para Lindo, el carácter norteamericano y el español se conjugan muy bien, "a pesar del americanismo ramplón del que hacemos gala": "Allí notas, que la gente se esfuerza en escuchar lo que dices. Una mezcla entre la exagerada inocencia norteamericana y ese estar de vuelta de todo español estaría muy bien -reflexiona-. También está la diferente actitud que tenemos frente al éxito: ante alguien que triunfa, nosotros sentimos envidia. Ellos, admiración. Y aquí la envidia incluso tiene algo bueno. Viene a decir: 'Éste tampoco es tan distinto'. Mientras que la admiración tiende a defenestrar al que no lo consigue".
A la hora de contar una historia, para Elvira Lindo resulta fundamenta moverse en un entorno familiar: "Por eso, el escenario común en mis textos es Madrid -explica-. Ahora, al fin siento que tengo un barrio en Manhattan". Y la autora ya cuenta, de hecho, con personajes capaces de caminar por esas aceras, en una trama con forma de guión y que "posiblemente" se ruede el año que viene.
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